viernes, 7 de noviembre de 2014

El arte de repartir periódicos

El 7 de noviembre fue el día del canillita. En General Ramírez, uno de los emblemas de este oficio es Arturo “Petiso” Álvarez. Los orígenes de su trabajo, sus gustos y anécdotas.

            Sentado en su sillón rojo y con el equipo de mate listo para ser cebado, Arturo Ernesto “Petiso” Álvarez recordaba aquellos años como canillita de General Ramírez. El lunes 7 de noviembre fue su día y aprovechó la oportunidad, con el calor de la época,  para traer a la memoria todos los recuerdos vinculados a esta labor, que le dio identidad propia.
            Su rutina cambió hace más de tres años, cuando se desligó de este trabajo porque le había llegado su merecida jubilación. Por la mañana, ordena su casa, pegada a la Casa del Niño y del Joven, y realiza algunos quehaceres domésticos. Al mediodía, se posiciona frente al televisor para mirar algún programa que lo entretenga, como las aventuras de El Zorro. Cada cierto tiempo, mira su reloj de pulsera para constatar la llegada del almuerzo y poder comer con su hermana Beti. Durante la tarde, luego de haber tomado unos verdes, saca a pasear a su perro por las calles del barrio, donde es saludado y felicitado por el vecindario.
            En un cajón del aparador, se encuentran sus materiales discográficos preferidos: El Chaqueño Palavecino, Los Daltón (autografiado por uno de los integrantes del grupo), Cumbietón. A unos pocos metros, está su radio y la gorra que le obsequiaron de El Diario, de Paraná.

Sus comienzos
            Arturo Álvarez nació el 15 de noviembre de 1956, en nuestra localidad. Su mamá era ama de casa y su papá, pintor. A los 6 años, hizo el primer grado común en la Escuela N° 13 “Blanco Encalada” y de allí fue derivado a la Escuela N° 5 Alborada.
            Asimismo, Petiso nunca vio en su Síndrome de Down un impedimento para poder realizar diferentes actividades. Él se sentía parte de la comunidad. Con el canto del gallo, a las 7, se levantaba para ayudarle a su madre en la limpieza del hogar y ordenar su pequeño cuarto. Le gustaba mucho jugar al futbol en el potrero del barrio: todos lo esperaban y si no venía, lo iban a buscar. En los ratos libres, le tocaba la guitarra a sus sobrinos para que bailen. Durante la noche, escribía letras sueltas o dibujaba lo primero que se le venga a la mente.
            Los domingos se acercaba al Centro Polideportivo Municipal para ver voley. Actualmente, debido a su fanatismo y por herencia familiar, concurre a todos los partidos que Roma juegue de local. No falta a ningún encuentro y está al tanto de todos los resultados. El ramirense tiene otra pasión, sumada a la de los romanos: su corazón está teñido de azul y oro. A la noche, asistía a misa en la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús, con mucha devoción. El primer banco de la iglesia era su lugar fijo. A veces, el futbol y la religión tenían los mismos horarios y el Petiso, con sinceridad, le argumentaba a los feligreses: “Hoy no vine a misa porque fui a verlo a Roma”.
            Los números comenzaron a formar parte de su vida gracias a la ayuda de su única hermana, Beti. Ella junto a su esposo, estaban encargados de la atención de la cantina del Club Roma. El futuro canillita, con tan sólo 17 años, organizaba las botellas y salía a vender una rifa por las casas. Al principio, le costó adaptarse al manejo del dinero pero se lo enseñaron mediante juegos de compra y venta. Su padre, que tenía árboles frutales en el patio de su casa, le entregaba una canasta llena para que le ofreciera a los ciudadanos.

El arte de repartir
            Hace algunas décadas atrás, una ordenanza municipal prohibía la venta ambulante en la localidad. La mamá de Petiso, debido a esta circunstancia, tomó la decisión de hablar con la dueña del kiosco Nenino para que le permitiera comercializar algunos periódicos. En ese momento, era el único local que traía diarios y revistas en General Ramírez.
            La fecha de iniciación de Arturo, en este oficio, nadie se la acuerda con exactitud. Pero todos se acuerdan de él porque es uno de los personajes latentes de la ciudad. La jornada comenzaba, todos los días, a las ocho. Con un ritmo pausado, se dirigía hasta la terminal de ómnibus para retirar los ejemplares y llevarlos luego a la tienda. Desde allí, emprendía su habitual recorrido. Cerca del mediodía, regresaba a sus pagos para luego, de 15 a 20, seguir con la actividad.
            Con el carrito de aluminio en la mano y la riñonera en la cintura, Petiso realizaba el circuito del canillita. Todos los clientes estaban anotados en una agenda. Los periódicos más vendidos eran El Observador, Paralelo 32, Diario Uno, Clarín y La Nación. Entre las revistas se destacaban Caras y Gente.
            Las cobranzas las hacía él. Con el paso del tiempo, fue adquiriendo un mejor manejo del dinero. Si quedaba algún pago pendiente, le avisaba a la responsable del negocio, quien se encargaba de las cuentas. Inés Marina “Ysel” Gómez, de Nenino, destacó su sinceridad y honestidad, además de ser una buena persona.
            Sin lugar a dudas, no hubo condición meteorológica que le impidiese desempeñarse en esta labor. Con mucho calor o con intensas lluvias, los diarios llegaban sanos y a salvo a cada hogar. Los ramirenses valoraron mucho la personalidad, el carisma y las ganas de trabajar de Petiso. Uno de ellos fue Carlos “Negro” Gianotti, con el que entabló una excelente relación. Ambos se conocieron en el Banco de Entre Ríos y pudieron concurrir a muchas peñas y asados juntos.

La premiación
            El miércoles 31 de octubre de 1990, los padres de Arturo recibieron un telegrama que produjo mucha alegría en la familia. Su hijo había sido galardonado, por la Cámara Junior Rosarina, como el más sobresaliente de los jóvenes discapacitados distinguidos del país.

            La Cámara ha premiado, durante muchos años, a discapacitados por el esfuerzo y la dedicación. El personal de la Escuela N° 5 Alborada, que juntó más de 370 firmas, consideró que Petiso reunió todas las características para quedarse con la premiación. El viernes 9 de noviembre, en el Patio de la Madera de Rosario, recibió el título acompañado de su familia y amigos. Raúl Portal le hizo la entrega.

domingo, 5 de octubre de 2014

#RedesChat, una nueva forma de aprender (Digestión 3)


La actividad propuesta, mediante la utilización del hashtag (etiqueta) #RedesChat en Twitter, pretendía no solo contestar una serie de preguntas acerca de Aboud Saeed, autor del libro “Yo, el más inteligente de Facebook”, sino también integrar las TIC como nueva forma de aprendizaje en red, llevar adelante lecturas compartidas de textos teóricos y concretar propuestas de trabajo de innovación (talleres creativos). Dicho evento se realizó en el marco del seminario “Herramientas Web 2.0” para la Diplomatura.

1. Analicen lo que les pasó en la experiencia desde los principios del aprendizaje en red: autonomía, interacción, diversidad y apertura (AIDA). Piensen los principios como preguntas: ¿cómo fue la vivencia de AIDA en el #RedesChat? ¿Se dieron los principios AIDA en la experiencia? ¿Cómo impacto la experiencia en su propio aprendizaje?

Si analizamos esta actividad desde los principios del aprendizaje en red podríamos decir que:
·      Hubo autonomía: Cada cierto período de tiempo (20/25 minutos) se publicaba una consigna referida al #RedesChat. Si bien todos comenzaban al mismo tiempo, cada uno de los alumnos llevaba su ritmo. Algunos iban al pie de la letra, contestando todo lo pactado, y otros se demoraban un poco más pero lo completaban al fin. La idea no era que todos vayan a la par sino que cada uno pueda aprender con las TIC. Algunos conversaron entre ellos y pidieron asesoramiento cuando la situación lo ameritaba. Otros lo hicieron de manera individual. Si bien a la actividad cada uno la hizo desde su artefacto tecnológico (notebook, netbook, Tablet o Smartphone), se dio un trabajo mancomunado, en red. “Que el Ambiente Personal de Aprendizaje (APA) sea personal, de ninguna manera quiere decir que el proceso de aprendizaje sea individual ya que, por el contrario, se da en red”, explica la Lic. Luz Pearson en su artículo “El aprendizaje en red como entramado pedagógico y social”.   
·   Hubo diversidad: Una sola clase con muchos contextos personales. Cada uno trabajó y concretó las consignas en función de sus capitales culturales, simbólicos y sociales. Quedó evidenciada dentro de las cuatro paredes las diferencias de edades, de profesiones, de intereses y de lugares de orígenes. En dicha oportunidad, se dio también una situación bastante particular: participaron del #RedesChat personas que no estaban directamente vinculadas con la diplomatura pero que tenía alguna relación con la temática (educación, tic, comunicación, literatura, etc).
·       Hubo interacción: Tal como lo establecen los eventos EduCamp, los alumnos se ayudan entre ellos para aprender. Se preguntan, conversan, se levantan de sus bancos y asesoran a otros. Permanentemente se establecen vínculos entre los mismos compañeros y con el/los profesor/es.
·        Hubo apertura: Cada uno de los estudiantes está abierto a influencias que se dan tanto dentro como fuera del aula. En este sentido, habrá puntos de vista diferentes. No hay una única respuesta para el cuestionario propuesto. Esto claramente se puede ver en los tweets. A continuación un ejemplo:

2. ¿Qué conceptos o ideas presentes en el artículo de Siemens sobre Conectivismo aparecieron en el #RedesChat?

George Siemens, en su artículo “Conectivismo: Una teoría de aprendizaje para la era digital”, explica algunos principios de esta nueva corriente, que claramente se pueden ver reflejados en la actividad de #RedesChat. En principio, habla de que el aprendizaje y el conocimiento dependen de la diversidad de opiniones. Así se manifestó en el seminario “Herramientas Web 2.0” con las consignas de Aboud Saeed: variedad de respuestas y de usuarios. En este sentido, Siemens deja en claro que la habilidad de ver conexiones entre áreas, ideas y conceptos es una habilidad clave. Además, “la toma de decisiones es, en sí misma, un proceso de aprendizaje. El acto de escoger qué aprender y el significado de la información que se recibe, es visto a través del lente de una realidad cambiante”. Durante el tiempo que duró la actividad, cada alumno decidió de manera personal el mejor camino que responder las preguntas. No hubo una sola dirección.
A su vez, el autor expresa que “el punto de partida del conectivismo es el individuo”. No hay dudas de ello. Cada individuo interactúa con sus pares, navega, busca conexiones y establece su propia forma de trabajar, que es personal pero a la vez en red. Finalmente, Siemens sostiene que “el aprendizaje ha dejado de ser una actividad interna e individual (…) El conectivismo provee una mirada a las habilidades de aprendizaje y las tareas necesarias para que los aprendices florezcan en una era digital”.

3. ¿Existe alguna relación entre la descripción del Pulgarcita de Serres y la tarea que llevaron a cabo ustedes al participar del #RedesChat?

Sin lugar a dudas que existe una estrecha relación entre la descripción del Pulgarcita de Michel Serres y la tarea llevada a cabo en el #RedesChat. El autor habla de que “los mass-media se han apoderado desde hace tiempo de la función de enseñanza”. En este sentido, se utilizaron las nuevas tecnologías de la comunicación y la información (Twitter) para aprender. Los estudiantes de la diplomatura, coincidiendo plenamente con Serres, “habitan pues lo virtual. Pueden manipular muchas informaciones a la vez. Conocen y escriben de otra manera”. Para conocer quién era Aboud Saaed no era necesario acceder a una biblioteca, como se pudo haber hecho hace algunas décadas atrás. Bastó simplemente con googlearlo para interiorizarnos un poco de su vida.  
Los usuarios ya “no se comunican más de la misma manera, no percibe ya el mismo mundo”. Las redes sociales han transforma las formas de entablar comunicación. Todo se ha vuelto mucho más rápido y accesible. Finalmente, Serres manifiesta que “el acceso al saber está de ahora en adelante abierto. De cierta manera, está siempre y por todas partes ya transmitido”.

4. El seminario de Herramientas 2.0 se trata sobre la apropiación pedagógica de Herramientas, ¿podemos decir que Aboud Saeed hace una apropiación poética de Facebook?

Consideramos que Aboud Saeed, en su libro “Yo, el más inteligente de Facebook”, hace una apropiación poética de la mencionada red social ya que utiliza dicho espacio para describir su punto de vista sobre el conflicto sirio. Obviamente, lo hace con un léxico que lo caracteriza, en donde se pueden ver reflejados sentimientos e ideas sobre la temática en cuestión. Él establece su propio estilo de escritura. 

lunes, 22 de septiembre de 2014

La Caza del Tesoro - Actividad 2

Decisiones Curriculares:
En cuanto a los contenidos se hizo hincapié en los recursos tecnológicos que se han hecho presentes en la historia de la humanidad desde el libro, pasando por las bibliotecas, la pizarra, el lápiz y el bolígrafo, hasta la televisión y las computadoras. Para poder realizar la actividad, los estudiantes no necesariamente tenían que tener algún conocimiento vinculado a la temática ya que desde la misma plataforma se brindaba la información pertinente para poder trabajar. Posiblemente, y en el mejor de los casos, se necesitó algún conocimiento básico sobre cómo navegar en la web, pero no fue impedimento alguno.
Seguramente, quien creó dicha actividad se habrá planteado varios objetivo pero, en lo personal, considero que conocer los recursos tecnológicos que estuvieron presentes en la historia e implementar las TIC como una nueva forma de enseñanza para los jóvenes, se destacar por sobre el resto.


Decisiones Pedagógicas:
La actividad consistió en buscar en determinados sitios web, propuestos por el docente en la plataforma, informaciones sobre los recursos tecnológicos que se han hecho presente en la historia para poder responder a tres preguntas, las cuales desembocarían en “La Gran Pregunta”. El producto final era realizar un afiche digital con la respuesta obtenida de “¿Cuál es el recurso tecnológico que mayor impacto ha tenido hasta ahora en la historia escolar? ¿Por qué?”. Para ello se podían utilizar las siguientes herramientas: Google Drive Dibujos, Glogster y Mural.ly. Cabe destacar que “La Caza del Tesoro” les ofrecía a los mismos alumnos un tutorial sobre cómo manejar tales herramientas. El producto debía contener imágenes, citas, un título que anticipe el recurso más importante y se debía agregar la fuente utilizada.  
En cuanto a los roles, es el docente el que diseña la actividad y dispone de las herramientas para su realización. El alumno, por su parte, rompe con la estructura de un sujeto pasivo ya que es el mismo quien elabora una respuesta final, llega a producir contenido y hace un análisis de las lecturas realizadas. Al no haber una respuesta única referida a los recursos tecnológicos, los criterios de evaluación tienden a ver si el alumno logró comprender la consigna. No se espera que todos pongan la misma respuesta sino que todos puedan llegar hasta el gran desafío final con la publicación del afiche digital.


Decisiones tecnológicas:
En este sentido, haciendo alusión a los recursos tecnológicos, el docente pensó en implementar dispositivos con internet: notebook, Tablet, netbook, Smartphone. No se especificó en ningún momento cuál era el apropiado para realizar la actividad. Todos eran útiles para realizarla. Además, el docente posteó una serie de link donde el alumno debía ingresar para obtener la información. La limitante de sitios web hacía más atrapante la “Caza del Tesoro”. Estos recursos digitales fueron empleados con el objeto de aplicar otra forma de enseñanza en los alumnos, más dinámica y que permite la integración, apertura, diversidad y cooperación con sus pares.

Modificaciones a la Caza del Tesoro:

En lo personal creo que no habría que agregarle nada más a esta interesante actividad para realizar en el aula. Sí se podría hacer una instancia post creación afiche digital para que los mismos alumnos compartan y comparen los recursos tecnológicos elegidos.

sábado, 20 de septiembre de 2014

El Ramirense - Periódico Escolar Digital (Seminario 4 - Actividad Final)

Curso: 5to año
Materia: Practicas de la Comunicación
Contenido disciplinar seleccionado:
La creación de un periódico escolar digital permite a los docentes de diversas áreas la posibilidad de integrar las Tics en temas de sus asignaturas. Si bien la propuesta surge de la materia Prácticas de la Comunicación, la idea es que todas las disciplinas puedan hacer aportes para la construcción del mismo. La creación de este instrumento permitirá un trabajo cooperativo y movilizador entre los estudiantes; pues tendrán que definir en forma grupal: la redacción; el estilo, las temáticas, la selección de contenidos y objetivos a cumplir en cada comunicación;  destinatarios y periodicidad de la publicación.
Un Periódico Digital utiliza Internet como medio de difusión. Esta característica es importante porque elimina las limitaciones que tiene el periódico de papel. Es decir, al ser electrónico, llega a destinatarios en cualquier lugar y tiempo en el mundo.

Objetivos:
·             Promover la adquisición de conocimientos desde la búsqueda de información, selección, creatividad, organización y presentación de los contenidos.
·             Consolidar aprendizajes en marcha como lo son la redacción escrita, corrección gramatical y de estilos. 
·             Propiciar  en los alumnos la producción personal de  contenidos con Tics.

Consigna:

Fase Aprendizaje
En las primeras unidades los estudiantes  trabajan los contenidos curriculares vinculados a la creación de un periódico, el armado de una noticia (estructuras, secciones, titulares, pirámide invertida, 5W etc)  búsqueda de información, como se hace una entrevista (clasificación y armado de cuestionarios), la utilización de ciertos artefactos digitales que luego serán utilizados para la construcción del periódico escolar. Posteriormente los estudiantes visitan un medio grafico de la zona para conocer el trabajo interno que se realiza allí.

Fase Investigación
Aquí los alumnos se dividen en grupos de 4 o 5 integrantes, cada uno de ellos tendrá una tarea específica asignada de acuerdo a sus intereses. Un grupo se encargara  de realizar las entrevistas, otro de la redacción, otro de la corrección, otro del diseño y de la difusión. Se elegirá dos coordinadores de temáticas que estarán encargados de la selección de la información priorizando lo más importante para la comunidad educativa.

Fase de la Producción
Una vez seleccionado el material se procede a la fase de producción. Allí los coordinadores junto al docente, definirán las herramientas y artefactos digitales más propicios  para la creación de este sitio web, una vez definido esto se realiza la correspondiente publicación de los artículos.  En este caso el artefacto elegido es un blog y la herramienta será blogger.com. Otros artefactos a utilizar serán audio (Goear), videos (YouTube), geolocalización (Google Maps), los mismos estarán ligados a la página principal.  El sitio tendrá un canal de RSS para aquellos que deseen recibir información constantemente.
Este sitio será actualizado una vez por semana.

Fase de Difusión

 En esta fase el grupo asignado compartirá las informaciones por otros medios (Facebook, Twitter) y cadenas de mails con otros medios de la zona. 

sábado, 28 de junio de 2014

Pulgarcita y los nativos digitales

En el artículo de Michel Serres "Pulgarcita" se ven reflejados varios aspectos que son inherentes a los jóvenes de hoy. Sí, a los jóvenes de hoy, no a los de algunas décadas atrás. Jóvenes a los que hemos denominado los "nativos digitales". Tal como lo expresa el autor, esta generación poco sabe, empíricamente hablando, de ciertas vivencias. "Nunca ha visto un ternero, una vaca, un marrano ni una pollada (...) Ya no vive en compañía de los animales, ya no habita la misma Tierra", explica Serres en relación a los jóvenes. Ese mundo se ha transformado, se ha vuelvo más virtual.

"No tienen pues ni el mismo cuerpo ni la misma conducta", continúa. En este sentido, cobran un papel importante los medios de comunicación junto con las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Ellos han formateado la vida de estos jóvenes. "Los mass-media se han apoderado desde hace tiempo de la función de enseñanza", manifiesta Michel. La cultura del consumo, de la información a la brevedad, del todo publicable, del conectado-desconectado, del te agrego-te elimino. del "me gusta"-lo comparto. La aparición de internet, allá por los '70, ha hecho la vida de los terrícolas mucho más virtual. Pulgarcita/Pulgarcito son los protagonistas de esta historia. Dedos que escriben a altas velocidades, códigos, lenguajes y abreviaciones nuevas. 




A partir de la influencia de los medios, especialmente en esta generación, nos preguntamos: ¿Son los medios los encargados de enseñar? Si es así ¿Quiénes controlan los contenidos que se publican? ¿Cuáles son las ventajas de tener acceso al conocimiento a través de internet? ¿Hay mayor capacidad de análisis y reflexión o simplemente se estimula el consumo por el consumo mismo?

En las publicaciones del tablero de lectura compartida, se pueden apreciar varios puntos en común. El primero de ellos es la "mutación" de esta generación, que viene dada por las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. "No digáis que al alumno le faltan funciones cognitivas que le permitan asimilar el saber así distribuido, puesto que precisamente, esas funciones se transforman con y por el soporte. Por la escritura y la imprenta, la memoria por ejemplo mutó a tal punto que Montaigne quería una cabeza bien hecha más bien que una cabeza bien llena. Esa cabeza acaba de mutar una vez más", recalca Serres. Se publicaron videos de las mutaciones del ser humano, de los cambios que ha atravesado a lo largo de los años, que buscan de una forma u otra mantener la comunicación e interacción entre todos. Por su parte, se coincide también en las diferentes experiencias de estos jóvenes, diferentes a las de sus antecesores.
Entre las cosas que me llamaron la atención de las publicaciones está la frase: "Antes de enseñar cualquier cosa a quien sea, al menos es necesario conocerlo". En este sentido, me parece correcto la adecuación del docente a la realidad, realidad basada en la información, lo audiovisual, en lo virtual. El docente deberá conocer nuevas formas de enseñanza acorde a los nuevos tiempos. Quien no conoce lo que enseña, poco puede enseñar. Y aún más, poco se puede aprender.
Si llevamos esta actividad a los principios del "Aprendizaje en Red", podemos decir que: hubo Apertura (no hubo una sola respuesta. Cada uno tomó diversos aspectos como importantes), Interacción (se publicaron y se comentaron lo expuesto en el tablero de lectura compartida), Diversidad (puntos de vista en común, puntos de vista diferentes) y Autonomía (cada uno aportaba individualmente pero a la vez en forma conjunto con sus pares)






viernes, 13 de junio de 2014

La telaraña de las comunicaciones

La revolución que han provocado las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en la sociedad no ha sido en vano. Una revolución que acarreó grandes cambios no solo en lo tecnológico sino también en lo social, lo político y cultural. Cambios que están a la vuelta de la esquina. Cambios que cambiaron la forma de pensar las relaciones interpersonales. 
En este sentido, la educación no ha quedado exenta a esta realidad. Alumnos conectados entre ellos, consignas, planificaciones y notas subidas a un blog o una red social, videos vistos de manera simultánea. Así podemos mencionar cientos de ejemplos donde la tecnología se ve involucrada. Pero, con la mente puesta en fortalecer nuestro aprendizaje en la red, debemos hacer hincapié en cuatro aspectos: Autonomía (nivel de desarrollo de su aprendizaje), Interacción (propicia la conexión), Diversidad (cada uno hace lo que más le gusta) y Apertura (no hay una única respuesta, puntos de vista diferentes). 
Las comunicaciones deben entenderse como una red, como una telaraña, donde no haya un punto de inicio o final. Sino puntos de conexión, de interacción, de idas y vueltas. 
Y eso fue lo que sucedió exactamente en el 2º Encuentro de la Diplomatura en Tic en Educación, la cual se dicta en la Universidad Católica de Santa Fe. Desde los primeros minutos de la cursada se pensó en el "Aprendizaje en red como entramado pedagógico y social". Sin lugar a dudas que estas jornadas se servirán al docente para adquirir conocimiento y prácticas para hacer frente a la creciente diversidad que se encuentra en las aulas y al auge de las nuevas tecnologías. 

La telaraña de las comunicaciones
¿Y qué sería hablar de un aprendizaje en red? Esa fue la pregunta clave. Pregunta se trató de responder con una madeja que pasaba de docente en docente. Las uniones las asignaban ellos mismos, con los puntos encontrados de acuerdo a: formación, qué es lo que más te gusta de lo que haces y secretos culinarios. Una punta por acá, otra punta por allá. Ese era el sentido: las conexiones, que iban desde una capacitación en tecnología y el afecto hacia los chicos hasta las pastas y el asado. En este sentido, el "aprendizaje en red" trata de romper el esquema de la educación tradicional, basado en la transmisión unidireccional del docente hacia "un único alumno-tipo al que se aplicaba un solo modelo de enseñanza".
Integrantes de la #Diplotic unidos por la madeja

¿Y cuál es el objetivo de todo esto? 
  • La apropiación de nuevas tecnologías que les permitan a los docentes tanto diseñar sus trayectos de aprendizaje en la web como repensar sus propias clases.
  • Indagar constantemente acerca de las prácticas de aprendizaje en red en entornos digitales en el interior del aula.
  • Reflexionar en torno a la concepción del aula como red y obrar en consecuencia.
  • Tomar al alumno como nodos que se conectan mediante vínculos pedagógicos para aprender.
La segunda parte de la clase, luego del ejercicio de la madeja entre los bancos, se llevó a cabo mediante una conversación abierta en Twitter, bajo la etiqueta #Redeschat. En síntesis, una comunidad de aprendizaje que, a partir de una hora determinada, debe responder a una serie de preguntas del ordenador. El fin es aprender sincrónicamente en una conversación digital. Se trabaja juntos pero de manera autónoma. Los #Redeschat se constituyeron en eventos de aprendizaje en red: abiertos a lo emergente, con integrantes diversos y autónomos que interactúan. El eje central paso por el libro de Aboud Saaed "Yo, el más inteligente de Facebook". 
#Redeschat en Twitter
En pocas palabras, el #Redeschat sirvió para: aprender a usar herramientas TIC (conocimiento técnico), para realizar lecturas compartidas de textos teóricos (espacios de reflexión), como propuestas para llevar a la práctica conceptos del aprendizaje en red y reflexionar sobre ellos (colaboración, apertura a emergentes, diversidad y autonomía), y como propuestas de trabajo de innovación (talleres creativos).
El libro de Aboud Saaed, el eje esta comunidad en red





miércoles, 2 de abril de 2014

Vivir para contarla

Este 2 de abril se cumplieron 32 años de la Guerra de Malvinas. Walter Gaioli es excombatiente y contó sobre su experiencia, los recuerdos y ese anhelo de haber ganado. 1982: un año para recordar. 

            A pocos metros de la casa de Walter Raúl Gaioli, se levantó un pequeño monumento junto a un mástil, rodeado por cadenas, en conmemoración de los caídos en la Guerra de Malvinas. Cada 2 de abril, la bandera argentina flamea en la esquina de la localidad de Seguí. Los vecinos se reúnen para recordar a aquellos héroes que dejaron su vida para defender al país.
            Con mucha predisposición, Walter recibió a LA CIUDAD para charlar sobre esos días, que le marcaron la vida radicalmente. En las paredes de su vivienda nada daba cuenta de su presencia en las islas. No tenía fotos ni medallas, ni nada por el estilo. Pero, en el primer segundo de relato, se pudo constatar que fue partícipe de uno de los acontecimientos bélicos más importantes de los últimos años. Su calidad de ex combatiente se veía reflejada en las anécdotas, los nombres y los datos proporcionados.

A prepararse
            En 1977, un año después de la instauración de la dictadura en la Argentina, el oriundo de Hernández ingresó al ejército en la Escuela de Suboficiales Sargento Cabral, donde realizó el examen de ingreso correspondiente. Luego de mucho esfuerzo y dedicación, se recibió y lo destinaron a Monte Caseros (Corrientes), en 1980. Con apenas 24 años, Walter era Cabo en el tercer año del regimiento 4 de infantería.
            A las 7 de la mañana, oficiales y suboficiales se encontraban en el comedor del regimiento convocados por su jefe, teniente coronel Diego Alejandro Soria, quien tenía una noticia para darles: se habían tomado las Islas Malvinas. La mayoría no se percataba de que ese día, 2 de abril de 1982, iba a quedar marcando para siempre, como lo es la yerra para el caballo. La propuesta era ir pero nunca les dijeron a dónde. Anteriormente, en noviembre del año anterior, llegaron unos helicópteros del ejército con el objetivo de capacitar a los suboficiales. Era un mal presagio.
            Ninguno de estos jóvenes conocía Malvinas personalmente. Solamente la habían sentido nombrar en alguna clase de geografía y hasta la reconocían en el mapa. Todos los soldados, lejos de sus familiares y con esa incertidumbre por lo desconocido, se fueron hasta Paraná en tren. Desde la capital entrerriana, tomaron un avión hasta Comodoro Rivadavia. “Nos dijeron que nosotros no íbamos a Malvinas”, recordó Walter ante la mentira.
            Luego de haber hecho 1700 km, arribaron a la provincia de Chubut. Allí, estuvieron una semana, donde los equiparon con ropa de abrigo. Pasados los siete días, los llevaron en un vuelo a Río Gallegos, que supuestamente se dirigía a Río Turbio (Santa Cruz). Cuando la compuerta se abrió, el primero que pisó tierra firme fue Walter Gaioli. Todo era sorpresa y los cambios de planes provocaron la bronca de los muchachos. Los aviones de combate invadían el cielo en Puerto Argentino. “Hace frío y estoy lejos de casa. Hace tiempo que estoy sentado sobre esta piedra. Yo me pregunto, ¿para qué sirven las guerras?”, cantarían unos años más tarde Los abuelos de la nada en alusión a estos héroes.

Por la patria
            Después de tanto movimiento, el regimiento 4 de infantería llegó a las Islas Malvinas, a tan sólo 2400 km de distancia con Monte Caseros. Allí estaban para defender al país de los ingleses. En total, estuvieron 55 días donde pasaron hambre, frío y, por sobre todo, soledad. Muchos de los soldados eran del norte argentino. Como primera medida, tuvieron que hacer 14 km caminando, con todo el equipamiento a cuesta, para dirigirse hasta el cerro Monte Harriet, donde estuvieron “alojados”.
            “La convivencia entre los suboficiales era buena y nosotros manteníamos la coordinación con los soldados. Yo no tenía manejo de tropas; tenía uno o dos soldados porque estaba en el tema de inteligencia, al principio, pero el trabajo mío era matar corderos para poder comer”, explicó Gaioli. En el tiempo que estuvieron allí, comieron polenta, fideo hervido o guiso pero la rutina los llevó al cansancio y eso los motivó a salir a cazar los corderos de los ingleses, que habían dejado en sus establecimientos. Almorzaban, generalmente, una sóla vez al día, cerca de las 4 de la tarde cuando los aviones ingleses bombardeaban la zona.
            Por su parte, el regimiento 4 de infantería estaba conformado por alrededor de 1700 soldados, divididos en grupos de 50. Había dos jefes: “uno disparó cuando vio la primera bala, mostró bandera blanca. Lo procesaron. El otro, al primer tiroteo, se escondió y tuvo tanta mala suerte que la bala rebotó en la pared y le pegó en la nalga. Lo condecoraron por herido en combate”, se explayó el oriundo de Hernández.
            La bipolaridad de gran parte de los oficiales era algo característico en ellos. En Corrientes eran una cosa y en Malvinas eran otra, donde en muchas ocasiones tuteaban a los combatientes. “Más de uno se cagó. Cuando volvieron al regimiento, volvieron a ser la porquería que eran antes. Mientras tanto vos le estabas cuidando la espalda”. Walter llegó al sur con 70kg, el corte de pelo al estilo militar y una buena aptitud física. En 1975 se había consagrado subcampeón entrerriano en 1500 mts. En esos dos meses, adelgazó 16 kilos, se dejó el bigote y los pelos le crecieron un poco más de lo normal.   
            Pese a que hay discursos que manifiestan lo contrario, la verdadera versión es aquella que cuentan los protagonistas de esta historia: todos los soldados sabían utilizar las armas por sus años en el ejército. La mayoría andaba con una 9mm y otros con un FAL, ametralladora o morteros (livianos o pesados). “Es mentira que se llevaron soldados de 16 años. Te incorporan después que cumplís los 18. En el regimiento 4, muchos llegaron sin armamento pero no sin conocimiento”, certificó el veterano de guerra.
            El clima en Malvinas era húmedo y era el terror de las noches: muchos tuvieron “pie de trinchera”, donde había que amputar uno o varios dedos. Constantemente lloviznaba y, en varias ocasiones, nevó. No tenían un cronograma con horarios hasta fines de mayo cuando los cambian de posición desde Monte Harriet hasta Monte Dos Hermanas.
            Sin lugar a dudas, la única hora que debían tener en cuenta era la de los bombardeos ingleses. A las 8 y durante todo el día, comenzaban a caer bombas sobre el territorio argentino. Durante la noche, la actividad bélica seguía con los barcos que tiraban de a ocho proyectiles. La patrulla británica también intentaba cruzar por el valle. Así estuvieron dos semanas. No hubo combate cuerpo a cuerpo como lo piensan los estudiantes, actualmente. Los jóvenes argentinos dormían poco (dos horas como mucho) con el miedo de que una bomba les cayera al lado.
            Las anécdotas de Gaioli salían a la luz mientras el grabador seguía recopilando información. La elevada tecnología de los hombres de Margaret Thatcher, ministra británica en aquel momento, privó a los nuestros de, por ejemplo, emplear radio o moverse constantemente porque sus radades captaban calor y movimiento. Un compañero de Walter recibió el ataque del enemigo al salir de su refugio. Estuvo 14 horas en el hospital de Puerto Argentino.
            En 55 días, Walter Gaioli visitó una sola vez Puerto Argentino, donde estaba el Gobernador Militar de las Islas, Benjamín Menéndez. Además, se bañó en dos ocasiones, escuchaba Radio Colonia y la información era que estaban ganando la guerra. Esperaban ansiosos alguna carta familiar. Nada recibieron, todo quedó parado en este peaje imaginario.
            El 12 de junio, a las cuatro de la madrugada, terminó la historia para estos muchachos. “Nos tomaron prisioneros porque no teníamos con qué tirar. No nos llegaban municiones. Estuvimos catorce días en combate permanente. El resto de los días estuvimos al pedo”.  Los combatientes volvieron al suelo argentino en el Canberra, embarcación inglesa. Les pasaron música, les dieron mate y cartas para jugar, los pisos estaban alfombrados, el trato era bueno. Pero eso no alcanzó; la decepción por la guerra perdida y la actitud de los superiores para con los soldados no tenía marcha atrás.

            Walter Gaioli y sus compañeros llegaron al Palomar, situado al lado del Colegio Militar de la Nación, en avión. Estaban sucios, barbudos y con mucha hambre. Un matrimonio de Puerto Madryn los encontró y les ofreció un teléfono. Llamaron a sus familiares y lo único que les dijeron fue: “Estamos vivos”. En el viaje de regreso a Monte Caseros, en tren, no podían levantar las ventanillas pero el cabo Gaioli, al escuchar la voz de su novia, desistió de tal orden y se tiró. Desde 1982 hasta la actualidad, el seguiense no ha vuelto a pisar las islas. “Si pudiera volver el tiempo atrás, volvería a combatir. Fui a defender lo que es nuestro”.

domingo, 23 de marzo de 2014

Nunca más

A 38 años de la dictadura cívico militar en Argentina, Carlos Boerio revive aquel 24 de marzo de 1976. La represión, el Mundial del ’78, la censura, los desaparecidos, la guerra de Malvinas, su experiencia en Buenos Aires. 

Carlos Boerio, a 38 años de la dictadura cívico-militar
Sentado al lado de un gran ventanal en una estación de servicio y acompañado por dos cafés, Carlos Boerio se dispuso a charlar con La Ciudad, algo que, 38 años atrás, hubiera sido imposible hacer. Durante el tiempo que duró la entrevista, el comerciante ni siquiera atinó a tocarse los bolsillos del pantalón para saber si llevaba consigo el documento nacional de identidad. Ya no se preocupaba por eso como así también por esa incertidumbre de saber si algún Ford Falcon merodeaba por las calles donde él transitaba. De vez en cuando miraba hacia afuera pero, simplemente, para inspirarse o recordar ciertos momentos de su juventud.
            Con algunas canas que asoman sobre su cabellera, Carlos disfruta poder dialogar sin censura, represión o violencia y es que el 24 de marzo de 1976, con la llegada de la dictadura cívico-militar, lo marcó de lleno. El denominado “Proceso de Reorganización Nacional” lo palpó de cerca mientras vivía en Buenos Aires, donde tuvo que soportar la desaparición de conocidos, la prohibición de determinada música y lecturas, entre otras cuestiones. “Por suerte, la política resurgió mucho. Pero sigue habiendo pibes de 19, es más de 30 y pico, que no tienen ni la más puta idea y les molesta hablar de estos temas. No seas aburrido te dicen. Desgraciadamente, si no volves a hablar de esto podes llegar a caer en la misma situación”, sostiene en conmemoración al mes de la Memoria, la Verdad y la Justicia.

Un día de miércoles
            En febrero del ’76, el joven Boerio comenzaba a desempeñarse como ayudante, luego de haber finalizado los estudios secundarios, en una empresa de mantenimiento de ascensores. Todos los días su papá lo despertaba para que fuera a trabajar. Cerca de las seis, desde Haedo, emprendía rumbo hacia la estación para tomar el tren, que tardaba unos 50 minutos en llegar a destino. Una vez abajo, caminaba unas cuadras para arribar a la empresa. Durante ese recorrido, la Plaza de Mayo de Buenos Aires pasó a formar parte de su cotidianeidad. 
Las madres de Plaza de Mayo
            El clima de tensión empezó a respirarse meses antes del golpe de Estado, aun estando en democracia el país. “Casildo Herrera, que era el secretario general de la CGT, ya unos días antes, se había ido a Uruguay sabiendo lo que se venía. Muy valiente fue el hombre”, recuerda Carlos con un tinte irónico. “Resulta que el gobierno de Isabel Perón fue quedando solo, abandonado por todo el arco político porque acá no fue solamente un golpe militar. Fue cívico-militar porque ahora muchos radicales, socialistas, comunistas y peronistas dicen los militares hijos de puta pero los civiles apoyaron eso. Si no hay apoyo civil, no hay golpe militar. Los militares tantearon y vieron que estaban de acuerdo. Entonces, hicieron el golpe”, continuo.
            Ese miércoles 24 de marzo todo fue diferente. El padre de Carlos, que era sastre, lo había despertado con la peor noticia: la junta militar deponía a María Estela Martínez de Perón del gobierno. “No era que yo era isabelista a ultranza. Yo defendía el sistema democrático”, expresó el comerciante de General Ramírez. Pese a la insistencia paternal para que se quede y que no vaya al trabajo, Carlos desistió y marchó. Se bajó unas estaciones antes porque todo estaba cortado por los militares.
            Cuando llegó a Plaza de Mayo, todavía con el cielo oscuro, la soledad desbordaba por todos lados. Los tanques de guerra y los nidos de ametralladoras inundaban aquel lugar. Con apenas 19 años, el ramirense quiso atravesar la plaza para ir a la empresa pero un soldado, con un fusil automático liviano en las manos, le dijo con un tono prepotente: “¿A dónde vas pendejo?”. Él le respondió: “A trabajar o ¿Vos me vas a pagar el día de laburo?”. Inmediatamente, sin dar lugar a un respiro, miembro de las Fuerzas Armadas le pegó con el FAL en el pecho. Boerio se dio la vuelta y se dirigió hacia la casa de unos amigos, donde vieron las noticias de todo lo que estaba pasando.
            “La idea del golpe no era terminar con el gobierno de Isabel sino instalar un sistema de desgaste y vaciamiento del país, eliminando a toda la oposición pero no la oposición política de saco y corbata. Eran los que se oponían ideológicamente. Pero, acá no caía solamente el que pensaba distinto. Capaz que vos ibas caminando y no tenías ni la más puta idea de política, te ponías nervioso, salías corriendo, con el Falcon al lado, y te hacían mierda. Es más, capaz que te simpatizaban los militares. Ellos tenían vía libre, hacían lo que querían. Mataban y torturaban en la calle”, explicó.
A partir de ese día, la rutina de los argentinos cambió radicalmente. Salir con el documento nacional de identidad era tan normal como cepillarse los dientes o darse una ducha. Siempre tenían que estar en los bolsillos de los pantalones, camisa o en alguna cartera. “Rulo” como le decían en Buenos Aires a Carlos Boerio, a partir de la llegada de la junta militar al gobierno en el ’76, comenzó a dejarse la barba como forma de resistencia. “Para ellos, el que tenía barba era guerrillero. Pero yo no era guerrillero”, expresó, dejando en claro que hasta perdió laburos por ello.
Los colectivos paraban ante los retenes policiales y los controles se tornaban tediosos para los pasajeros. Dos soldados por la puerta de adelante y otros dos por detrás ingresaban al vehículo con sus armas en brazos. Elegían a unos y dejaban a otros. A los que seleccionaban, por lo general era por la “cara”, los chequeaban abajo. Carlos, al tener vello facial, fue interrogado en varias ocasiones. Una vez abajo del colectivo, los hacían abrir de piernas pegándoles patadas con los borcegos en los tobillos. Les pedían los documentos y los verificaban. A todo esto, el transporte urbano ya no se encontraba en el lugar.
            A la noche, luego de haber trabajado por la mañana, cursaba los estudios superiores en ingeniería. Los días en que se quedaba en colectivo para retornar a su casa, lo hacía a pie. Pero, la represión, la violencia y la persecución, características típicas de una dictadura cívico-militar, acechaban las calles porteñas. Mientras caminaba, a paso lento pero firme, escuchaba por detrás el sonido del motor de un auto, que llevaba las luces apagadas. “Hoy decís te afanan. En ese momento, te subían al auto. Contaba para mantenerme tranquilo. Si salías corriendo te tiraban, seguro”, argumenta ante la aparición, casi silenciosa, de los Ford Falcon verdes.  “Te probaban los nervios y era una persecución tan estudiada que los tipos te ponían el auto para ver la reacción que tenías vos. Ni te hablaban porque sabías que adentro había cuatro monos apuntándote”.
“Antes del ’76, en las familias el papa trabajaba, la mamá ama de casa y los chicos en la escuela. Después del ’76, cuando se cierran las industrias, el papa a buscar una changa, la mamá a buscar algo y los nenes quedaban solos. Ahí comienza la destrucción de la familia, que es la base de la sociedad. Se cambian los roles en la familia”, continuo. Además, recordó aquellas noches donde cenaba con sus padres y el sonido que más se destacada, todos los días, eran los tiros provenientes de las calles.
            Antes del golpe, solía comprar diarios, revistas y libros. Pero tras el arribo de la Junta de Comandantes al poder, compuesta por el Teniente Gral., Jorge Rafael Videla, el Almirante, Eduardo Emilio Massera, y el Brigadier Gral. Orlando Agosti, se prohibió escuchar a determinados cantantes y leer a ciertos autores. Si bien no tenía nada de subversivo, el estudiante de ingeniería guardó todo en cuatro bolsas y lo enterró bajo tierra. Actualmente, conserva todo ese material. Entre los músicos que solía escuchar estaba Sui Generis, con Charly García y Nito Mestre, y otras de rock nacional.
“Martínez de Hoz fue el cerebro en la Argentina pero tampoco es el idealista del golpe. El golpe está hecho por los famosos monopolios y los capitales extranjeros. En ese momento, Argentina tenía una deuda externa de 8 mil millones de dólares, nada más. Con dos o tres años de gobierno democrático y con una buena política económica, Argentina no debía más nada y pasaba a ser un país independiente. (…) Nos hicieron mierda. Mucha gente quiere que vuelvan los militares pero no llegan a ver lo que pasó. La dimensión que tuvo ese golpe fue tremenda, de cómo nos arruinaron completamente”, soslayó el entrerriano.
En 1978, mientras Mario Alberto Kempes deleitaba a todos con sus goles en el Monumental, afuera se vivía un clima de miedo, de tensión y angustia. Dos versiones de país se vieron reflejadas durante el Mundial de Futbol. Una festejaba los partidos de la albiceleste y la otra lloraba los desaparecidos, los torturados como las abuelas de Plaza de Mayo. En ese contexto, desembarcaba la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos. Muchos autos pegaban la calcomanía: “Los argentinos somos derechos y humanos”, una gentileza del gobierno de turno.

            “No tenía ánimos de ver los partidos pero gritábamos los goles. No salíamos a festejar”, aclaró Carlos, quien veía los partidos con sus amigos por la televisión. Si bien su pasión por el futbol es inconmensurable, hasta el día de hoy, decidió no asistir a ningún encuentro disputado en la Argentina. Durante el primer partido, donde el conjunto dirigido por Cesar Menotti venció a Hungría por 2 a 1, el ramirense ingresaba a trabajar en el Instituto Nacional de Tecnología Industrial.

jueves, 20 de marzo de 2014

Manos a la obra

En conmemoración al Día del Artesano, celebrado el 19 de marzo, Alberto Schlotthauer (46) comentó cómo es la vida rodeada de madera, cuñas y un poco de creatividad. Sus producciones, la llegada desde Buenos Aires, la asociación ramirense de artesanos y otros gajes del oficio.

En el taller, tallando un cartel solicitado
            En el taller de Alberto Schlotthauer, el olor a madera se respira constantemente y cada rincón está impregnado con su aroma. Salvo en algunas excepciones como la siesta, durante el transcurso de la jornada el silencio no tiene protagonismo porque se ve interrumpido por algún programa radial de LT14, el encendido de una sierra eléctrica o los golpes de un martillo. Esos son los sonidos más frecuentes de este pequeño laboratorio, que en vez de un científico tiene a un artesano como artífice.
Unos poster de Chevrolet en la pared, un poco de aserrín en el suelo y la mesa de carpintero en el medio decoran el lugar. En el fondo, sobre unas grandes repisas, guarda los tornillos, clavos y arandelas en pequeños frascos con el cartelito correspondiente. Las herramientas de trabajo están colgadas unas al lado de la otra y las máquinas se encuentran apagadas, a la espera de ser encendidas para comenzar a trabajar. Arriba del mostrador, el acoplado de un camión aguarda ser terminado por quien fuera su creador pero éste decide tomarse un tiempo para dialogar con LA CIUDAD sobre su día y los gajes del oficio.

Desde Buenos Aires

            A Alberto suelen preguntarle si se puede vivir de la artesanía, a lo que él responde con total sinceridad: “Acá en Ramírez es muy difícil vivir de eso porque el ramirense no está acostumbrado al tema de las artesanías”. La década que lleva residiendo en la Capital Provincial de la Juventud le permitió hace dicho balance. Si bien nació y se crió en Capital Federal, ya se siente un panza verde y no sólo porque tome mate sino porque ha adoptado las costumbres de la región.
            Con apenas 13 años, comenzó a trabajar cuando su papá se quedó sin laburo. Lo hizo, en primer término, en una panadería. Luego, con el paso del tiempo, fue incursionando en otros ámbitos desde vender perfumes en la calle hasta ser empleado en una mueblería. La crisis socio-económica del 2001 lo marcó de lleno y en junio del año siguiente emprendió rumbo hacia Entre Ríos. Tanto su madre como su hermano, Adrián, ya estaban establecidos en esta nuestra ciudad. “Vine con una mano atrás y otra adelante. La cuestión era trabajar y traer el mango a la casa”, expresó.
            Nunca se imaginó que lo suyo estaría vinculado a la artesanía, ese oficio que tiene a San José como máximo referente y por el cual se conmemora dicho día, el 19 de marzo. “Yo no sabía que tenía esa habilidad”, destacó. La madera fue su fiel compañera y con ella comenzó a fabricarles juguetes a sus hijos. Aún guarda esas primeras producciones caseras, aunque se pregunta cómo pudo haber vendido eso que era, en un principio, tan rústico y carente de estilo. Un taladro, una lijadora, una sierra circular y una ingletadora verde fueron sus primeras herramientas. Reemplazó el tablón con caballetes por una mesa de carpintero y adquirió, paulatinamente, distintas máquinas para llevar a cabo su labor como la sepilladora, tupí, torno, caladora, la sierra sin fin o la escuadradora. De a poco, los vecinos fueron conociendo sus producciones artesanales y tomando confianza con este hombre que provenía de Buenos Aires.    

Todo a pulmón

Alberto con una de sus producciones
            Las horas que pasa en el taller son muchas y durante las mismas infinidades de objetos salen a la luz, especialmente juguetes. “Me siento contento porque ese gurí o gurisa va a jugar con ese juguete que yo hice y eso para mí tiene mucho valor. Esto a mí me gusta y yo me siento bien haciéndolo. Pero, lamentablemente, acá en Ramírez no se le da mucho valor. En otros pueblos sí”, comenta Schlotthauer, quien hace cada producto con mucha pasión y lo piensa como si lo fueran a usar sus propios hijos sin ninguna astilla ni con clavos salidos.
            En el local que tiene, ubicado en calle Fonseca, exhibe todas sus “obras de arte”. Hay para todos los gustos y edades. Para los chicos, como regalo de navidad o para el día del niño, están los grandes y pequeños tractores, todos diseñados por él y pintados por su esposa, María Rosa. Los colores son idénticos a las marcas Massey Ferguson, John Deere o New Holland y, aunque parezca increíble, los gurises eligen por marca. En las estanterías, además, hay autos, camionetas, aeroplanos. Para las nenas, amantes de las muñecas, el ramirense diseña los juegos de living, las casitas, roperitos, mesitas de luz, entre otros accesorios. 
            Pero no todo son juguetes. En el taller, Alberto se dedica a construir mesas de camping con un sistema de encastre único, materos, metegol, sillitas pequeñas guardatodo, juegos didácticos, tablas para picadas, casitas para pájaros, recuerdos de la ciudad, entre otros. “Lo más grande me lleva menos tiempo que lo más chico”, explica el artesano. Además, paralelamente, arregla muebles u otros objetos.
            A sus 46 años, el oriundo de Capital Federal trata de plasmar en sus obras su personalidad: ordenado, tranquilo, detallista. Sus uñas están gastadas de tanto lijar y, de vez en cuando, un corte aparece en la piel pero, como él lo afirma, son los gajes del oficio. Una de sus características es la de reciclar todo lo que se pueda a la hora de producir. Innova en productos que no se ven, generalmente, en los negocios. Suele trabajar con el cipre, paraíso, eucalipto o pino. Así como los médicos tienen siempre un estetoscopio a mano, los artesanos no se despegan de un formón, una gubia, un martillo, una lija o un serrucho.

            Actualmente, y desde hace cuatro años, Alberto Schlotthauer es el presidente de la Asociación Ramirense de Artesanos, que cuenta con gente que proviene de diversos rubros. La propuesta surgió cuando Nanci Jacob estaba al frente de la Dirección de Cultura, Educación y Turismo Regional de General Ramírez. “Lo que exijo es que si alguien se anota como artesano que, realmente, haga su producto. Yo no quiero que vos lo revendas. Es muy fácil ir y comprar el producto y después armarlo”, argumentó. “Me gustaría que haya gente que se dedique al cuero, al vidrio”, agregó.