viernes, 7 de noviembre de 2014

El arte de repartir periódicos

El 7 de noviembre fue el día del canillita. En General Ramírez, uno de los emblemas de este oficio es Arturo “Petiso” Álvarez. Los orígenes de su trabajo, sus gustos y anécdotas.

            Sentado en su sillón rojo y con el equipo de mate listo para ser cebado, Arturo Ernesto “Petiso” Álvarez recordaba aquellos años como canillita de General Ramírez. El lunes 7 de noviembre fue su día y aprovechó la oportunidad, con el calor de la época,  para traer a la memoria todos los recuerdos vinculados a esta labor, que le dio identidad propia.
            Su rutina cambió hace más de tres años, cuando se desligó de este trabajo porque le había llegado su merecida jubilación. Por la mañana, ordena su casa, pegada a la Casa del Niño y del Joven, y realiza algunos quehaceres domésticos. Al mediodía, se posiciona frente al televisor para mirar algún programa que lo entretenga, como las aventuras de El Zorro. Cada cierto tiempo, mira su reloj de pulsera para constatar la llegada del almuerzo y poder comer con su hermana Beti. Durante la tarde, luego de haber tomado unos verdes, saca a pasear a su perro por las calles del barrio, donde es saludado y felicitado por el vecindario.
            En un cajón del aparador, se encuentran sus materiales discográficos preferidos: El Chaqueño Palavecino, Los Daltón (autografiado por uno de los integrantes del grupo), Cumbietón. A unos pocos metros, está su radio y la gorra que le obsequiaron de El Diario, de Paraná.

Sus comienzos
            Arturo Álvarez nació el 15 de noviembre de 1956, en nuestra localidad. Su mamá era ama de casa y su papá, pintor. A los 6 años, hizo el primer grado común en la Escuela N° 13 “Blanco Encalada” y de allí fue derivado a la Escuela N° 5 Alborada.
            Asimismo, Petiso nunca vio en su Síndrome de Down un impedimento para poder realizar diferentes actividades. Él se sentía parte de la comunidad. Con el canto del gallo, a las 7, se levantaba para ayudarle a su madre en la limpieza del hogar y ordenar su pequeño cuarto. Le gustaba mucho jugar al futbol en el potrero del barrio: todos lo esperaban y si no venía, lo iban a buscar. En los ratos libres, le tocaba la guitarra a sus sobrinos para que bailen. Durante la noche, escribía letras sueltas o dibujaba lo primero que se le venga a la mente.
            Los domingos se acercaba al Centro Polideportivo Municipal para ver voley. Actualmente, debido a su fanatismo y por herencia familiar, concurre a todos los partidos que Roma juegue de local. No falta a ningún encuentro y está al tanto de todos los resultados. El ramirense tiene otra pasión, sumada a la de los romanos: su corazón está teñido de azul y oro. A la noche, asistía a misa en la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús, con mucha devoción. El primer banco de la iglesia era su lugar fijo. A veces, el futbol y la religión tenían los mismos horarios y el Petiso, con sinceridad, le argumentaba a los feligreses: “Hoy no vine a misa porque fui a verlo a Roma”.
            Los números comenzaron a formar parte de su vida gracias a la ayuda de su única hermana, Beti. Ella junto a su esposo, estaban encargados de la atención de la cantina del Club Roma. El futuro canillita, con tan sólo 17 años, organizaba las botellas y salía a vender una rifa por las casas. Al principio, le costó adaptarse al manejo del dinero pero se lo enseñaron mediante juegos de compra y venta. Su padre, que tenía árboles frutales en el patio de su casa, le entregaba una canasta llena para que le ofreciera a los ciudadanos.

El arte de repartir
            Hace algunas décadas atrás, una ordenanza municipal prohibía la venta ambulante en la localidad. La mamá de Petiso, debido a esta circunstancia, tomó la decisión de hablar con la dueña del kiosco Nenino para que le permitiera comercializar algunos periódicos. En ese momento, era el único local que traía diarios y revistas en General Ramírez.
            La fecha de iniciación de Arturo, en este oficio, nadie se la acuerda con exactitud. Pero todos se acuerdan de él porque es uno de los personajes latentes de la ciudad. La jornada comenzaba, todos los días, a las ocho. Con un ritmo pausado, se dirigía hasta la terminal de ómnibus para retirar los ejemplares y llevarlos luego a la tienda. Desde allí, emprendía su habitual recorrido. Cerca del mediodía, regresaba a sus pagos para luego, de 15 a 20, seguir con la actividad.
            Con el carrito de aluminio en la mano y la riñonera en la cintura, Petiso realizaba el circuito del canillita. Todos los clientes estaban anotados en una agenda. Los periódicos más vendidos eran El Observador, Paralelo 32, Diario Uno, Clarín y La Nación. Entre las revistas se destacaban Caras y Gente.
            Las cobranzas las hacía él. Con el paso del tiempo, fue adquiriendo un mejor manejo del dinero. Si quedaba algún pago pendiente, le avisaba a la responsable del negocio, quien se encargaba de las cuentas. Inés Marina “Ysel” Gómez, de Nenino, destacó su sinceridad y honestidad, además de ser una buena persona.
            Sin lugar a dudas, no hubo condición meteorológica que le impidiese desempeñarse en esta labor. Con mucho calor o con intensas lluvias, los diarios llegaban sanos y a salvo a cada hogar. Los ramirenses valoraron mucho la personalidad, el carisma y las ganas de trabajar de Petiso. Uno de ellos fue Carlos “Negro” Gianotti, con el que entabló una excelente relación. Ambos se conocieron en el Banco de Entre Ríos y pudieron concurrir a muchas peñas y asados juntos.

La premiación
            El miércoles 31 de octubre de 1990, los padres de Arturo recibieron un telegrama que produjo mucha alegría en la familia. Su hijo había sido galardonado, por la Cámara Junior Rosarina, como el más sobresaliente de los jóvenes discapacitados distinguidos del país.

            La Cámara ha premiado, durante muchos años, a discapacitados por el esfuerzo y la dedicación. El personal de la Escuela N° 5 Alborada, que juntó más de 370 firmas, consideró que Petiso reunió todas las características para quedarse con la premiación. El viernes 9 de noviembre, en el Patio de la Madera de Rosario, recibió el título acompañado de su familia y amigos. Raúl Portal le hizo la entrega.