Eliminatorias para el Mundial 2010
Argentina consiguió el pasaporte a Sudáfrica,
después de mucha incertidumbre
El conjunto dirigido por Diego A. Maradona le ganó a Uruguay por 1 a 0 con gol de Mario Bolatti. Al finalizar el partido, surgieron frases polémicas por parte del plantel. La mayoría de los santafesinos cuestionó el rendimiento de la albiceleste.
Fabricio Cervasio, estudiante de Periodismo Deportivo, acechaba por los barrios santafesinos con el objetivo de encontrar algún lugar placentero para deleitar uno de los partidos más emocionante de su precoz vida. Lo único que encontró fue un drugstore en el centro. El 14 de octubre nadie deambulaba por la capital.
No era ningún amistoso. Era la última fecha de las Eliminatorias para clasificar al Mundial 2010. Los únicos países que tenían asegurado el pasaje a Sudáfrica eran Brasil y Paraguay. Ambos consiguieron su participación en la próxima Copa venciendo a la Argentina.
El conjunto dirigido por Maradona no llegaba al 100% para enfrentar a Uruguay. Venía de perder con la verdeamarella de Dunga y los guaraníes de Martino. Las esperanzas de los santafesinos estaban caídas por el suelo porque si la albiceleste perdía debía ir al repechaje: El fantasma de Australia de 1993 oscilaba por las calles queriendo traer la nostalgia.
El joven proveniente del barrio Guadalupe era optimista y creía en el equipo del pelusa. Sentado desde las 19 no pronunció ninguna palabra para no desconcentrar a los jugadores que iban a salir al Estadio Centenario. La soledad lo acompañaba en cada momento a pesar de estar rodeado por todos los compañeros de la carrera.
Por otra parte, el futuro periodista confiaba en las estadísticas que eran favorables para la Argentina en Eliminatorias. Se enfrentaron 7 veces, de las cuales los charrúas consiguieron una sola victoria contrastadas con las tres de la selección.
Inmediatamente comenzado el encuentro, Fabricio cruzó los pies y se sacó la campera deportiva que llevaba puesta porque sabía que iba a transpirar bastante. El pitazo del árbitro dio génesis al match en el país oriental.
En el césped había más nombres que jugadores. Todas las miradas apuntaban a dos personas que asumían mucho más que una responsabilidad: Diego Armando Maradona y Lionel Messi.
El primer tiempo pasó inadvertido por el oriundo de Santa Fe. El aburrimiento fue su gran amigo. Terminado los 45’ minutos iniciales, los players se retiraron cabizbajos porque no generaron oportunidades de gol y no lograban construir un buen equipo.
El entretiempo fue para debatir acerca de los posibles cambios en el plantel, cuestionamientos absurdos dado que las únicas decisiones las tomaba el coach.
La gente estaba alterada por el resultado y buscaba de manera eufórica el día 18 de noviembre. La abstinencia de realizar actividades esa fecha estuvo presente hasta el final del partido: la posibilidad de un repechaje ante un team de la CONCACAF (la Confederación del Norte, Centroamérica y Caribe de Futbol) nunca decayó.
A todo esto, el adolescente no se animó a establecer una conclusión. Los nervios por el bajo rendimiento del plantel eran cada vez mayores. El segundo tiempo generó en los estudiantes de periodismo mucha repercusión.
Asimismo, las llegadas al arco seguían siendo tímidas. La pelota no se animaba a tocar la red y los arqueros estaban contentos por no tener a la esférica en el área chica. El gol no pagó entrada y no lo dejaron entrar.
El campeón del mundo, Diego A. Maradona, ya no sabía cómo salir a flote. Su cabeza estaba en Uruguay aunque gran parte de ella estaba también en Chile, donde se jugaba la clasificación Ecuador.
Fabricio no aguantó más. Se levantó y se dirigió a la mesa de entrada del bar para comprar una gaseosa porque la noche le había secado la garganta. Sus dientes mordían los labios y sus manos apretaban el pelo largo. Los ojos estaban tan expectantes a los movimientos de los miembros de la selección que ni una mujer bonita podría conseguir semejante hecho.
El empate otorgaba la clasificación al continente negro pero el rendimiento y la actuación no podían justificarlo. Los cambios fueron la fórmula ideal para vencer a los charrúas: Mario Bolatti por Gonzalo Higuaín.
El volante central de Huracán salió de su estado de hibernación e ingresó a los 35’ de la segunda etapa sin pensar que sería él quien convertía el gol tan esperado por todos los argentinos.
De esta manera, el tanto no sólo obtuvo 3 valiosos puntos sino que representaba la obtención de un lugar de la 19° Copa del Mundo. La alegría se vio reflejada en los hinchas que saltaban en la mitad de la cancha. El triunfo iba dirigido al pueblo argentino menos a los periodistas.
De igual manera, el entrenador elevó al cielo un grito que quedará en la historia del futbol argentino por década. Sus palabras desilusionaron a muchos, especialmente a los que trabajan en medios de comunicación. Todo estaba muy claro: “Que la sigan chupando” era el tajante mensaje.
Fabricio Cervasio no se pudo dar el gusto de salir a festejar. Se sintió avergonzado desde sus entrañas. No podía escuchar ni aceptar las declaraciones de uno de los mejores futbolistas del mundo, el que sacó campeón a la Argentina. El creador de la mano de Dios defraudó a gran parte del pueblo.
Cabeza gacha y sin poder decía una sola palabra, el estudiante de periodismo deportivo se retiró del drugstore desilusionado a pesar del gran triunfo ante Uruguay. Los compañeros de la facultad de comunicación se miraban mutuamente, no podían aceptar difamaciones de un ídolo que cayó bajo.
jueves, 5 de noviembre de 2009
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)