Ángel Meynet, fundador del Centro de Observaciones
del Espacio de Santa Fe, estuvo en el despegue del Apolo XI el 20 de julio de
1969 en Cabo Kennedy, donde estuvo a pocos metros de Amstrong, Collins y Aldrin. El santafesino conoció al creador del “Día Internacional
del Amigo” y a Wernher Von Braun. Un mano a mano imperdible.
| El santafesino en su departamento |
Con su cabellera blanca y las manos
marcadas por la edad, Ángel Meynet se dispuso a contar una historia que conoce
de memoria y que se ha hecho eco en las más de 1800 conferencias que ha dado en
diferentes lugares. Sentado a la vera de la Avenida Alem, en su querida Santa
Fe, el presidente y fundador del Centro de Observaciones del Espacio (CODE) de
esa ciudad recibió a La Ciudad en su casa.
La afición por la astronomía se veía plasmada en todos los rincones de
su hogar: estanterías cargadas de libros sobre el espacio, las galaxias y el
sistema solar; un telescopio blanco con el cual podía ver hasta los anillos de
Saturno y arriba de la mesa uno de los objetos más preciado: un globo lunar que
le fue obsequiado por el mismísimo Wernher Von Braun, quien diseño el cohete
Saturno V que llevó al hombre a la luna.
Esta
admiración hacia lo desconocido comenzó cuando Ángel estaba cursando el segundo
grado de la primaria. El santafesino le pedía a la bibliotecaria de la
institución material sobre astronomía pero lo único que había era de
trigonometría, algebra y demás cuestiones. Pero, cierto día, entre tantas
búsquedas encontró un libro escrito por Julio Verne en 1865 que se llamaba “De la tierra a la luna”. La encargada
del lugar se lo prestó por diez días al joven, quien ni siquiera hacía los
deberes para terminarlo de leer. Lo que había manifestado el reconocido
escritor francés era un presagio de lo que iba a ocurrir el 20 de julio de 1969
en Cabo Kennedy (Estados Unidos).
Rumbo a EEUU
En agosto de 1965, Ángel Meynet se
encontraba trabajando en el correo como telegrafista. Cierta mañana, su jefe lo
mandó a llamar porque el gobernador de Santa Fe, Aldo Tessio, quería hablar con
él. El mandatario provincial lo convocó a su despacho para charlar sobre temas
espaciales y le propuso viajar al “Centro Espacial John F. Kennedy” durante el
período de su gestión. En aquel momento, la NASA estaba con el proyecto Géminis
VI.
El oriundo de la ciudad capital
llegó a Estados Unidos con mucho entusiasmo. En la costa de Florida estuvo una
semana, donde adquirió muchos conocimientos. Durante su estadía, pudo conocer
el VAB (en español significa Edificio de Ensamble de Vehículos). Cuando arribó
al lugar y vio esa gigantesca infraestructura preguntó qué era y le
respondieron: “El templo de Apolo”. Actualmente, es el edificio de un solo piso
más grande del mundo. Sus dimensiones son 160 metros de alto, 218 de largo y
158 de ancho. Adentro del mismo, se construyeron las tres etapas del Apolo XI,
el cual es sacado con una “oruga mecánica” que se mueve a razón de un kilómetro
por hora.
Por su parte, el área está rodeada
de playas arenosas y ahí todo es en grandes proporciones. Con vista al Océano
Atlántico, varios pueblitos oscilan por esa zona. Ni bien volvió de
Norteamérica, Ángel investigó cuando podría ser el lanzamiento a la luna. A
falta de cuatro años, ya había algunos indicios sobre tal hecho y hasta John
Kennedy lo prometió diciendo que antes de finalizar la década del ’60 el hombre
iba a pisar el satélite natural de la tierra.
Cerca de los grandes
![]() |
| Ángel Meynet al lado del auto de Dr. Von Braun |
La
noche del 8 de julio de 1969, Ángel y Omar Meynet, Olimpio Chiarelli y Cornelio
Ross emprendieron rumbo hacia el aeropuerto Internacional de Ezeiza en Buenos
Aires. El avión se dirigió a Miami y desde allí tuvieron que hacer 350 km hasta
Cabo Kennedy. Estando en la tierra del cine hollywoodense, la NBA y el beisbol,
los argentinos alquilaron un Ford Galaxy para recorrer las rutas yanquis.
En la oficina de protocolo, le
entregaron a cada uno de los representantes del CODE unas credenciales de la
NASA y del gobierno que debían exhibir en todo momento. Al igual que en un
museo, la principal normativa era: “se mira pero no se toca”. Con dicha
acreditación, los ingresantes podían tomar fotos, hacer entrevistas y dialogar
con los técnicos y/o ingenieros del lugar. Los santafesinos, además, habían
hablado antes de partir con los responsables de Canal 13 para poder hacer una
cobertura periodística.
Dos días antes del despegue del
Apolo XI, en la mañana del 14 de julio, Ángel y sus compañeros asistieron a la
primera conferencia del célebre Dr. Wernher Von Braun. El ingeniero
aeroespacial, nacionalizado estadounidense en 1955, le concedió una entrevista
especial al aficionado en astronomía, quien en ese entonces lucía una cabellera
morocha. El jefe de diseño del Saturno V le pidió los datos personales
prometiéndole que le iba a enviar un obsequio.
Todos los días, los curiosos
latinoamericanos visitaban el VAB para poder ver de cerca el “pájaro blanco”,
como vulgarmente lo denominaban al Apolo XI. Pero no todo era color de rosas en
este viaje: el hotel más cerca estaba a 100 km y sólo pensar en eso era motivo
de preocupación. Por una de esas casualidades, se toparon con Carlos Díaz, un
cubano que trabajaba en la NASA y que les ofreció su casa para quedarse a
dormir. El hombre de los pagos de Fidel Castro les dio también una carta de
presentación para que, el 16 de julio, puedan observar con sus propios ojos a
los tres astronautas: Neil Armstrong, Edwin Aldrin y Michael Collins.
A las 6:30, periodistas de todo el
mundo aguardaban la salida de los tripulantes. Los argentinos, con sus cámaras
de fotos y filmadoras, se ubicaron lo más cerca posible y al ratito aparecieron
los valientes hombres. La única restricción era que no podían sacarle fotos con
flash porque podían destellarlos. “Armstrong
era un tipo de lo más cordial y Aldrin un tipazo”, definió Meynet al verlos
con tan sólo 35 años. Ese miércoles, el calor hizo transpirar a más de un
espectador. Fuera del Centro Espacial, había alrededor de 15km de casas
rodantes, carpas y observadores, quienes se instalaron con varios días de
antelación y no era en vano porque estaban a punto de ver uno de los
acontecimientos que marcaría la historia de la humanidad.
Al lanzamiento lo pudieron observar en
tribunas y desde 5km de distancia. Todo estaba preparado y cerca de las 9, el
cohete prendió sus motores y se despidió de la faz de la tierra. “El momento no se puede describir con palabras. Nunca olvidaré los
rostros de los padres de los astronautas. Lo que yo vi acá es una cosa
increíble”, expresó
Ángel Meynet en uno de los momentos más tensos de la historia.
Mano a mano
| "El Apolo en la Luna" firmado por Aldrin Buzz |
Una semana después de la hazaña en
Cabo Kennedy, Ángel Meynet recibió el globo lunar que le había prometido
Wernher Von Braun. Luego de unos años del despegue del Apolo XI, el aficionado
por la astronomía fue a la conferencia, en la embajada de Estados Unidos, de
Edwin Aldrin. El santafesino, que también es acordeonista y en varias ocasiones
estuvo tocando en General Ramírez, se puso la credencial que le dieron en la
NASA en el ’69. El hombre que pisó la luna lo vio y se asombró. Inmediatamente,
el fundador del CODE le comentó que había estado en Florida. El tripulante le
dio un fuerte abrazo y le firmó el libro “El Apolo en la luna”.
Asimismo, el 20 de julio del 2000, Don Meynet
es convocado para dar una charla en el Teatro Colón en Mar del Plata. Terminada
la disertación, se le acerca un hombre de unos 60 años que estaba en los
primeros asientos y le da un abrazo cordial. “Aunque yo tengo algo que ver con la luna, ahora me entero como fue
todo este proceso”, manifestó el desconocido oyente. “¿Con quién tengo el gusto de hablar?”, le respondió. Era nada más
y nada menos que el Dr. Enrique Febbaro, el creador del “Día Internacional del
Amigo”.
Tomando un café en la ciudad
costera, el médico odontólogo de la Capital Federal le contó algunos detalles de
ese día: “Yo pienso que tres personas que
van a enviar a la luna, no es mandarlo acá a la otra cuadra, tienen que ser
tres amigos”, argumentó. El Doctor había enviado mil cartas a cien paises
presentándoles la propuesta de vincular el Día Internacional del Amigo con el
primer alunizaje. Más allá de que gastó mucho dinero en franqueo, recibió
respuesta de los mismos astronautas, Wernher Von Braun, el ruso Nikita
Khrushchev, el presidente de EEUU y de otros paises de Europa y América Latina.
“Un amigo no da consejos, ayuda, acompaña”, define el
oriundo de Lomas de Zamora a 43 años de tal invención. Y completa: “la amistad es casta: si se mezcla con sexo, ya es otra cosa. Y tanto con
un hombre, como con una mujer, tiene que estar fundada en el respeto”, culminó el
candidato al Premio Nobel de la Paz en dos oportunidades.

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