lunes, 3 de marzo de 2014

Crónica de un carnaval anunciado

Los jóvenes de General Ramírez festejaron con agua, espuma y bombuchas el carnaval. En 2011, con el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, se incorporó nuevamente este feriado, que había sido eliminado por la dictadura militar.
            


Ya había pasado la hora del almuerzo. Durante la siesta, los adultos acostumbran a dormir, luego de una ardua jornada laboral. Pero, los jóvenes no pisan así. A ellos no les gusta acostarse y, por ende, deambulan por las calles, chatean por facebook o se ponen a jugar en la Play. Esa es la rutina de la mayoría de los adolescentes, que se vio interrumpida este lunes 3 y martes 4 de marzo. En los planes, figuraba otra cosa, mucho mejor que estar pedaleando o al frente de una pantalla. Tenían que prepararse para un enfrentamiento entre bandos opuestos.
            El bulevar San Martín, paulatinamente, se convirtió en el campo de batalla. Al principio, parecía que estaban a punto de rodar una película de western porque ningún personaje aparecía en escena y solo los fardos circulaban por la zona. Pero, cuando los segundos se transformaron en minutos, todo cambio. Los protagonistas de este cortometraje, que duró dos días, no eran ni espartanos ni elfos; tampoco llevaban armas de fuego. Simplemente, eran jóvenes que se congregaron a lo largo de las avenidas para festejar el carnaval, tan esperado por todos los ramirenses.
            En el futbol, jugar de local es un plus o, para algunos, una ventaja. En este caso, si un integrante del grupo tenía una casa ubicada sobre la calle principal era empezar con el pie derecho. En esas “trincheras hogareñas”, los gurises tramaban las hazañas que ejecutarían por la tarde: en las canillas, llenaban las bombuchas con agua; acarrearon baldes llenos hasta el borde, donde colocarían todo el arsenal. En más de una oportunidad, las “granadas de agua” se resbalaban de las manos y se reventaban en el suelo, lo que provocaba el fastidio de los integrantes del equipo.

Que comience el combate
            Cerca de las cuatro, con la temperatura que ascendía, comenzaron a salir las cuadrillas de las casas. El pelotón estaba integrado por siete u ocho chicos, quienes se aventuraban a vivir una experiencia única por dos motivos: mojar al contrincante y disfrutar del feriado. Algunos con remera y otros sin remera; unos de short y otros de jeans. En fin, si bien muchos tenían una indumentaria totalmente diferente, todos disponían de las herramientas para divertirse.
            “A mí no me vas a mojar”, dijo, con resistencia, un joven que paseaba por el bulevar. Pero, no sirvió de mucho y su remera, en un instante, pasó de un estado sólido (o seco) a un estado líquido. Nadie se salvó aquella tarde en General Ramírez. Desde las esquinas, los pibes se lanzaban bombuchas unos a otros. Grandes, chicas, medianas. Había de todas las formas. Las chicas contras los chicos y viceversa. Muchos emplearon la espuma y otros no quisieron ser menos y fueron por un balde de 20 litros para empapar a los demás. Sobre el suelo y en la calle misma, iban quedando los restos de las “granadas de agua”. Había de todos los colores: amarillo, rojo, verde, azul.
            No faltaron los astutos en este feriado puente de carnaval, quienes utilizaron vehículos para trasladarse y llevar a cabo la misión de acabar con el enemigo. Los vecinos, desde sus ventanas, miraban la contienda y, temerosos de caer en la trampa, se quedaron entre las cuatro paredes.  General Ramírez, la Capital Provincial de la Juventud, tuvo su fiesta de carnaval como hacía algunos años no se tenía. En el centro, durante toda la tarde, reinó la alegría, la diversión y las risas. Como reza aquella frase que cantan los alumnos de primaria cuando terminan la clase Educación Física: “Ganamos, perdimos, igual nos divertimos”. Ese fue el slogan de estas 48 horas de carnaval.

El origen de la fiesta

            En 2011, la presidente Cristina Fernández de Kirchner incorporó a los feriados nacionales el lunes y martes de carnaval. Los mismos fueron creados por decreto en 1956 y derogados, en junio de 1976, por la última dictadura militar. “Esta reivindicación es un fenómeno cultural profundo, no sólo urbano, sino de fuertes connotaciones en la cultura de todo el país”, señaló la mandataria hace dos años atrás, tras la firma del decreto en el Salón de las Mujeres Argentinas en Casa de Gobierno.

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