sábado, 22 de junio de 2013

Canas sobre el tren

En el marco del Bicentenario de Paraná, adultos mayores de dicha ciudad visitaron General Ramírez, donde recorrieron las instalaciones del Polideportivo. El viaje fue organizado por la Secretaría de Derechos Humanos, Salud y Educación de la Municipalidad. Hubo juegos, charlas y mucha diversión.

Los abuelos disfrutando de un día a pleno
            El martes 11 de junio, cerca del mediodía, un numeroso contingente de adultos mayores de Paraná llegó a General Ramírez con un solo objetivo: conocer esta bella localidad entrerriana. Ya descendidos de los vagones del tren, la alegría de los pasajeros se notaba en cada rostro, en cada mirada. Abuelos cargados de mochilas, equipos de mates arribaban a la Capital Provincial de la Juventud para pasar una jornada única, divertida y distendida.
El viaje fue organizado por la Secretaría de Derechos Humanos, Salud y Educación de la Municipalidad, en el marco del Bicentenario de la ciudad capital. El mismo se centró en revivir aquellos años en que el tren era el principal medio de transporte. Así lo manifestó Mónica Dinamo, de la Dirección Adultos Mayores Municipal. Del grupo, muchos ya habían experimentado el placer de viajar sobre rieles. Fue en ese momento, cuando los pies pisaban el vagón, que los recuerdos florecieron en más de uno. Pero, pese a las canas de la cabellera, otros también hacían su debut en ese tipo de aventuras y emocionados miraban por la ventanilla.
En la jornada, no faltó la distensión y el deporte
Los abuelos, en su estadía por la localidad, recorrieron las instalaciones del Centro Polideportivo Municipal y se quedaron impresionados por las dimensiones del predio. Fue una jornada a pleno, con el sol desbordando en el cielo y un clima excepcional. Durante las horas que pasaron en Ramírez, ya instalados en el quincho, los paranaenses colocaron una red entre los árboles y se dispusieron a jugar al vóley. No tuvieron problemas de agitar un poco los brazos y pegarle a la pelota.
Además, compartieron un almuerzo a la canasta y se generó un ambiente de amistad entre todos los presentes. Obviamente, no podían faltar las cartas y el bolillero. Por un lado, esparcidos por el territorio, los hombres hacían un truco y, por el otro, las mujeres colocaban porotos en los cartones para hacer el bingo. Hubo tiempo para las charlas y comentarios entre los residentes, hubo tiempo para compartir anécdotas de historias vividas algunas vinculadas al tren y otras a la ciudad que los vio crecer.   

El truco y el bingo no estuvieron ausentes

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