En
el marco del Bicentenario de Paraná, adultos mayores de dicha ciudad visitaron
General Ramírez, donde recorrieron las instalaciones del Polideportivo. El
viaje fue organizado por la Secretaría de Derechos Humanos, Salud y Educación
de la Municipalidad. Hubo juegos, charlas y mucha diversión.
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| Los abuelos disfrutando de un día a pleno |
El
martes 11 de junio, cerca del mediodía, un numeroso contingente de adultos
mayores de Paraná llegó a General Ramírez con un solo objetivo: conocer esta
bella localidad entrerriana. Ya descendidos de los vagones del tren, la alegría
de los pasajeros se notaba en cada rostro, en cada mirada. Abuelos cargados de
mochilas, equipos de mates arribaban a la Capital Provincial de la Juventud para
pasar una jornada única, divertida y distendida.
El viaje fue organizado por la
Secretaría de Derechos Humanos, Salud y Educación de la Municipalidad, en el
marco del Bicentenario de la ciudad capital. El mismo se centró en revivir
aquellos años en que el tren era el principal medio de transporte. Así lo
manifestó Mónica Dinamo, de la Dirección Adultos Mayores Municipal. Del grupo,
muchos ya habían experimentado el placer de viajar sobre rieles. Fue en ese
momento, cuando los pies pisaban el vagón, que los recuerdos florecieron en más
de uno. Pero, pese a las canas de la cabellera, otros también hacían su debut
en ese tipo de aventuras y emocionados miraban por la ventanilla.
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| En la jornada, no faltó la distensión y el deporte |
Los abuelos, en su estadía por
la localidad, recorrieron las instalaciones del Centro Polideportivo Municipal
y se quedaron impresionados por las dimensiones del predio. Fue una jornada a
pleno, con el sol desbordando en el cielo y un clima excepcional. Durante las
horas que pasaron en Ramírez, ya instalados en el quincho, los paranaenses colocaron
una red entre los árboles y se dispusieron a jugar al vóley. No tuvieron
problemas de agitar un poco los brazos y pegarle a la pelota.
Además, compartieron un
almuerzo a la canasta y se generó un ambiente de amistad entre todos los
presentes. Obviamente, no podían faltar las cartas y el bolillero. Por un lado,
esparcidos por el territorio, los hombres hacían un truco y, por el otro, las
mujeres colocaban porotos en los cartones para hacer el bingo. Hubo tiempo para
las charlas y comentarios entre los residentes, hubo tiempo para compartir
anécdotas de historias vividas algunas vinculadas al tren y otras a la ciudad
que los vio crecer.
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| El truco y el bingo no estuvieron ausentes |



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