Compañía de los días solitarios,
que desde temprano despojas el rico aroma.
Creador de sentimientos felices,
renueva nuestra nostalgia juvenil.
Enemigo de las soledades,
derrama tu espíritu de unidad y amistad.
Contágianos de tu asombrosa virtud,
la de no discriminar.
Perdónanos si por las noches te abandonamos,
queremos dejarte meditar.
Liberador de los malos pensamientos,
has que con tu sabor dominemos la lengua.
No nos desampares cuando estamos reunidos en comunidad.
Sólo con tu presencia, podremos construir nuevos mundos.
Instaura tu cultura sobre nuestras almas,
para que podamos vivir en armonía.
Permítenos llevarte a otros horizontes,
y presentarte ante otros mortales,
que desconocen tu existencia.
Gracias Dios porque lo hiciste oriundo de nuestra Nación.
Elegiste tierras argentinas para asentarte,
porque considerabas al gaucho el mejor cebador.
Conociste desde Entre Ríos hasta Tierra del Fuego.
De generación en generación estas en cada hogar.
Podrán clasificarte de muchas maneras,
pero seguirás siendo uno sólo.
Dulce o amargo, con manzanilla o cáscara de naranja.
Llegaste al punto de querer entregarte por completo a los chicos,
te servían con leche y eras el desayuno de los precoces niños.
Eres el desvelo de los estudiantes,
nerviosos en sus horas previas a rendir.
Eres el motivo principal por el cual la gente se congrega.
Eres la bebida placentera para quien no tiene sed.
Concédeles una oportunidad más,
a quién no sabe tratar contigo y destruye tu estructura.
El pueblo argentino se levanta en tu honor.
Reivindica tu nombre desde sus orígenes.
No nos enojamos si cambias de cebador.
Lo que nunca vamos a aceptar es que nos abandones.
Simplemente, gracias “mate”.
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