domingo, 16 de febrero de 2014

Veraneo solidario

Hace 23 años que un contingente de jóvenes, perteneciente a una entidad de bien público de la localidad de Matheu (Buenos Aires), viene a Ramírez a vacacionar. Durante varios meses juntan fondos para poder realizar este viaje. Este año asumieron un nuevo desafío: ser los padrinos de la Escuela Nº17 “Domingo F. Sarmiento” de Isletas.

A la sombra de un gigantesco eucalipto y mientras el sol se escondía por el horizonte, un par de jóvenes descansaba en los bancos del Centro Polideportivo Municipal, a pocos metros de la Dirección de Deportes. En sus manos tenían raquetas de tenis y aunque sus rostros denotaban un poco de cansancio, producto de la actividad física en el predio y de las altas temperaturas, estaban felices. Cada rincón tanto del complejo deportivo como de la ciudad les fascinaba y trataban de disfrutar al máximo su estadía en la Capital Provincial de la Juventud. 
Desde hace 23 años, la entidad de bien público Nº111 de la localidad de Matheu (Provincia de Buenos Aires) elige General Ramírez para vacacionar. La llegada del mes de enero genera grandes expectativas en el grupo y durante todo el año realizan diversas actividades como pintar, vender plantas, pizzas u otros alimentos para poder recaudar fondos. Al principio, dicho contingente vino, simplemente, como un viaje de egresados. Luego, lo hicieron como una entidad porque desarrollaban actividades en horarios extraescolares.   
Cada vez que pisan suelo ramirense, la alegría los invade completamente. Y ese sentimiento es igual para todos, desde los que hacen por primera vez el viaje hasta los más viejitos, que ya cargan varios kilómetros. Sumergirse en las piletas de manera gratuita, encestar una pelota en un aro de basket o simplemente ver cómo los vecinos dejan las bicicletas y sillones afuera es, para ellos, algo fuera de lo común, una realidad a la que no están acostumbrados.
“Nuestro objetivo es trabajar con los jóvenes del barrio en el cual está la institución. Queremos rescatar los sueños e inculcar valores como el trabajo ya que a las cosas te las tenés que ganar. Lo más importante es el camino que recorremos, con todas las dificultades que tenemos en el medio. Porque cuando vos tenés una institución que se dedica a la educación y no al asistencialismo, las cosas cuestan muchísimo más”, expresó Marta Romero, quien está a cargo de la presidencia de la entidad de barrio Saboya.
Y agregó: “Pertenecemos a un medio carenciado económicamente, donde nos faltan muchísimas cosas y todo nos cuesta mucho. Para ello, vendemos tapitas de gaseosa a un peso el kilo y durante el año hemos vendido muchos kilos. Además, todo esto, tiene un fin ecológico que tiene que ver con el cuidado de la naturaleza. Nosotros queremos darle un giro que tenga que ver con lo solidario para tratar de internalizar ese valor porque nadie es tan pobre que no pueda dar un poco, aunque sea de su tiempo. Esto es para tratar de brindar un espacio para contener. Es tratar de enseñar a pescar y no dar pescados, y que en la vida las cosas grandes se consiguen con esfuerzo”.

Experiencias gratificantes
            Mauro Maita tiene 15 años. Los sábados, mientras otros chicos deambulan por las calles de Buenos Aires, vende plantas y productos de limpieza con un solo objetivo: recaudar dinero para viajar a General Ramírez. “Yo hace cuatro años que vengo. Vine la primera vez como alumno. Me gustó como nuestros coordinadores se manejaban para que nosotros estemos felices. A mí me gustó, entonces quise aprender y enseñarles a otros chicos. Hice todo lo posible para hacer este viaje”, sostuvo el pibe de Matheu, quien quedó asombrado con la cancha principal de baloncesto.
            Eliana Vanesa Borda, al igual que Mauro, vino como estudiante cuando tenía tan solo 12 años. Actualmente, con 24 años y trabajo de por medio, continúa su travesía en este proyecto de convivencia, aunque con una nueva función: es la secretaria de la entidad. “Yo vine por primera vez acá en el 2002. En el medio, hubo un par de años en los que no pude venir. Es increíble ver todo lo que tienen acá, ojala nosotros pudiéramos tener un cuarto de todo lo que hay en el Poli.  A parte, no podemos dejar de lado el trato del personal de acá, siempre predispuestos. Lo que impulsa a seguir son las ganas de ayudar, de colaborar y hacer algo por los demás. Lo que más satisfacción te da es ver las caras de los chicos, cuando disfrutan de todo esto”, afirmó.
            Por su parte, Marta reconoció que “la calidez y cordialidad de la gente de Ramírez, en Buenos Aires no está. Y ojala acá no se pierda. A nosotros nos cuesta mucho llegar hasta aquí. Pero este es nuestro lugar”. En estos 23 años, la geografía de la ciudad ha cambiado, no así las ansias de veranear en la Capital Provincial de la Juventud.
Gesto solidario
            Dar es dar remarcaba el reconocido músico rosarino, Fito Páez. Y así lo entendió esta entidad de bien público. Tras dos décadas vacacionando en la ciudad, en algo que inició como un viaje de estudio, un día las cosas cambiaron. Nuevos desafíos aparecieron para estos aventureros. A través de la Función APAER (Asociación Civil Padrinos y Alumnos de Escuelas Rurales), este año comenzaron a ser los padrinos de la Escuela Nº 17 “Domingo Faustino Sarmiento” de Isletas.
            Después de haber recibido tanto, durante todos estos años, estos muchachos querían encontrar la forma de retribuirlo, de ayudar al prójimo como también los han ayudado a ellos. Aunque todavía no se lo explican, la designación del establecimiento educativa cayó como un milagro divino. “Desde APAER te ofrecen diversos lugares en el país para ser padrinos. Nosotros habíamos pedido Entre Ríos y nos dijeron que había posibilidades en Concordia o Santa Elena pero se nos complicaba. Entonces, salió una designación en el Departamento Diamante. Yo solamente conozco la ciudad. Pero igualmente dijimos que sí”, pronunció la responsable.

            Asimismo, luego de las formalidades, conocieron a la directora de la escuela de Isletas, Marcia Coppini, quien en su propia camioneta llevó al contingente de Matheu para que conociera el lugar. “Nosotros pensábamos ir solamente para visualizar las instalaciones desde afuera porque sabíamos que era época de vacaciones. Previamente, habían mandado por encomienda algunas cosas, cuando fue designado el padrinazgo. Pero la directora corrió sus vacaciones para que la delegación de Escobar pudiera conocer cara a cara a los chicos de Isletas”, concluyó. Ese día se encontraron los gurises de la comuna y los de Buenos Aires. Una pelota fue el nexo para que entablaran relaciones y, entre juegos y caras contentas, no se sabía quiénes eran cada uno.

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