Hace
23 años que un contingente de jóvenes, perteneciente a una entidad de bien
público de la localidad de Matheu (Buenos Aires), viene a Ramírez a vacacionar.
Durante varios meses juntan fondos para poder realizar este viaje. Este año asumieron
un nuevo desafío: ser los padrinos de la Escuela Nº17 “Domingo F. Sarmiento” de
Isletas.
A la
sombra de un gigantesco eucalipto y mientras el sol se escondía por el
horizonte, un par de jóvenes descansaba en los bancos del Centro Polideportivo
Municipal, a pocos metros de la Dirección de Deportes. En sus manos tenían
raquetas de tenis y aunque sus rostros denotaban un poco de cansancio, producto
de la actividad física en el predio y de las altas temperaturas, estaban
felices. Cada rincón tanto del complejo deportivo como de la ciudad les
fascinaba y trataban de disfrutar al máximo su estadía en la Capital Provincial
de la Juventud.
Desde hace 23 años, la entidad
de bien público Nº111 de la localidad de Matheu (Provincia de Buenos Aires)
elige General Ramírez para vacacionar. La llegada del mes de enero genera
grandes expectativas en el grupo y durante todo el año realizan diversas
actividades como pintar, vender plantas, pizzas u otros alimentos para poder
recaudar fondos. Al principio, dicho contingente vino, simplemente, como un
viaje de egresados. Luego, lo hicieron como una entidad porque desarrollaban
actividades en horarios extraescolares.
Cada vez que pisan suelo ramirense,
la alegría los invade completamente. Y ese sentimiento es igual para todos, desde
los que hacen por primera vez el viaje hasta los más viejitos, que ya cargan
varios kilómetros. Sumergirse en las piletas de manera gratuita, encestar una
pelota en un aro de basket o simplemente ver cómo los vecinos dejan las bicicletas
y sillones afuera es, para ellos, algo fuera de lo común, una realidad a la que
no están acostumbrados.
“Nuestro objetivo es trabajar
con los jóvenes del barrio en el cual está la institución. Queremos rescatar
los sueños e inculcar valores como el trabajo ya que a las cosas te las tenés
que ganar. Lo más importante es el camino que recorremos, con todas las
dificultades que tenemos en el medio. Porque cuando vos tenés una institución
que se dedica a la educación y no al asistencialismo, las cosas cuestan
muchísimo más”, expresó Marta Romero, quien está a cargo de la presidencia de
la entidad de barrio Saboya.
Y agregó: “Pertenecemos a un
medio carenciado económicamente, donde nos faltan muchísimas cosas y todo nos
cuesta mucho. Para ello, vendemos tapitas de gaseosa a un peso el kilo y
durante el año hemos vendido muchos kilos. Además, todo esto, tiene un fin
ecológico que tiene que ver con el cuidado de la naturaleza. Nosotros queremos
darle un giro que tenga que ver con lo solidario para tratar de internalizar
ese valor porque nadie es tan pobre que no pueda dar un poco, aunque sea de su
tiempo. Esto es para tratar de brindar un espacio para contener. Es tratar de
enseñar a pescar y no dar pescados, y que en la vida las cosas grandes se
consiguen con esfuerzo”.
Experiencias
gratificantes
Mauro
Maita tiene 15 años. Los sábados, mientras otros chicos deambulan por las
calles de Buenos Aires, vende plantas y productos de limpieza con un solo
objetivo: recaudar dinero para viajar a General Ramírez. “Yo hace cuatro años
que vengo. Vine la primera vez como alumno. Me gustó como nuestros
coordinadores se manejaban para que nosotros estemos felices. A mí me gustó,
entonces quise aprender y enseñarles a otros chicos. Hice todo lo posible para
hacer este viaje”, sostuvo el pibe de Matheu, quien quedó asombrado con la
cancha principal de baloncesto.
Eliana
Vanesa Borda, al igual que Mauro, vino como estudiante cuando tenía tan solo 12
años. Actualmente, con 24 años y trabajo de por medio, continúa su travesía en
este proyecto de convivencia, aunque con una nueva función: es la secretaria de
la entidad. “Yo vine por primera vez acá en el 2002. En el medio, hubo un par
de años en los que no pude venir. Es increíble ver todo lo que tienen acá,
ojala nosotros pudiéramos tener un cuarto de todo lo que hay en el Poli. A parte, no podemos dejar de lado el trato
del personal de acá, siempre predispuestos. Lo que impulsa a seguir son las
ganas de ayudar, de colaborar y hacer algo por los demás. Lo que más
satisfacción te da es ver las caras de los chicos, cuando disfrutan de todo
esto”, afirmó.
Por su
parte, Marta reconoció que “la calidez y cordialidad de la gente de Ramírez, en
Buenos Aires no está. Y ojala acá no se pierda. A nosotros nos cuesta mucho
llegar hasta aquí. Pero este es nuestro lugar”. En estos 23 años, la geografía
de la ciudad ha cambiado, no así las ansias de veranear en la Capital
Provincial de la Juventud.
Gesto
solidario
Dar es
dar remarcaba el reconocido músico rosarino, Fito Páez. Y así lo entendió esta
entidad de bien público. Tras dos décadas vacacionando en la ciudad, en algo
que inició como un viaje de estudio, un día las cosas cambiaron. Nuevos
desafíos aparecieron para estos aventureros. A través de la Función APAER
(Asociación Civil Padrinos y Alumnos de Escuelas Rurales), este año comenzaron
a ser los padrinos de la Escuela Nº 17 “Domingo Faustino Sarmiento” de Isletas.
Después
de haber recibido tanto, durante todos estos años, estos muchachos querían
encontrar la forma de retribuirlo, de ayudar al prójimo como también los han
ayudado a ellos. Aunque todavía no se lo explican, la designación del establecimiento
educativa cayó como un milagro divino. “Desde APAER te ofrecen diversos lugares
en el país para ser padrinos. Nosotros habíamos pedido Entre Ríos y nos dijeron
que había posibilidades en Concordia o Santa Elena pero se nos complicaba.
Entonces, salió una designación en el Departamento Diamante. Yo solamente
conozco la ciudad. Pero igualmente dijimos que sí”, pronunció la responsable.
Asimismo,
luego de las formalidades, conocieron a la directora de la escuela de Isletas,
Marcia Coppini, quien en su propia camioneta llevó al contingente de Matheu
para que conociera el lugar. “Nosotros pensábamos ir solamente para visualizar
las instalaciones desde afuera porque sabíamos que era época de vacaciones.
Previamente, habían mandado por encomienda algunas cosas, cuando fue designado
el padrinazgo. Pero la directora corrió sus vacaciones para que la delegación
de Escobar pudiera conocer cara a cara a los chicos de Isletas”, concluyó. Ese
día se encontraron los gurises de la comuna y los de Buenos Aires. Una pelota
fue el nexo para que entablaran relaciones y, entre juegos y caras contentas,
no se sabía quiénes eran cada uno.
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