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Con el transcurso del tiempo, el debate atrajo muchos comentaristas y aficionados al tema. Los interrogantes eran abundantes pero la respuesta era una sola. Todos nos preguntábamos lo mismo.
Generó intriga, disconformidad, euforia, bronca. Provocó discusión. Algunos se autocalificaron como sofistas o dueños de la verdad, otros desde su más humilde pensamiento postulaban diferentes puntos de vista.
Me remonto a la frase que dijo Shakespeare “Ser o no ser. Esa es la cuestión”. Gran duda tuvo Hamlet en aquel entonces. Pero lo nuestro no se basa en cuestiones literarias ni tampoco queremos saber nada con respecto a ese tema.
La cuestión nuestra pasa por el ambiente futbolístico. ¿Cuál es la cuestión? Jugar lindo o no jugar lindo.
Las grandes escuelas de futbol denominadas potreros, han enseñado que los lujos deben ser parte esencial de los partidos. Siempre que haya un picadito, estará presente alguien que la pise como los dioses, que la mime, que la amase o la descosa. Siempre hay lugar para los tacos, para los caños, sombreros, chilenas y rabonas. A más de uno se les cae la baba cuando aparecen los expertos y a más de uno se les cae la envidia por el sólo y simple hecho de que no les sale.
El avance constante del mundo ha hecho que las cosas cambiaran. El futbol ya no es jugado como un hobbie sino que es practicado como un trabajo donde deben pagar nuestra labor.
Últimamente, se ve en muchos trabajos la carencia de eficiencia, es decir, rendimos solamente hasta lo que nos piden. Hacemos lo justo y necesario.
El deporte más bello del mundo ha sido tentado por el dinero, por el afán de progreso. Cada integrante conseguirá por sus propios medios los objetivos.
El soporte de muchos (por no decir de todos) es el Reglamento Oficial de algún ente que regule las normas de este deporte. En este caso es la FIFA. Este estatuto o carga magna del futbol establece que:
El equipo que haya marcado el mayor número de goles durante un partido será el ganador. Si ambos equipos marcaron el mismo número de goles o no marcaron ningún gol, el partido terminará en empate (REGLA 10).
Según el reglamento que expende la FIFA, ningún equipo está obligado a hacer un juego con lujos. Cabe destacar que no es lo mismo juego con lujos que juego limpio ya que esta última hace referencia a disputarlo de manera correcta sin violencia e intentos de la misma.
Generalmente los hinchas se enojan cuando su equipo tiene un 90% de posesión del balón, juega bien, toca de lujos y faltando tres minutos pierde el partido por 1 a 0. (este es un caso hipotético para explicar como suelen actuar en esas circunstancias).
Ahora bien. ¿Qué debemos hacer? Por empezar, lo que todo equipo desea hacer o sueña hacer es: Ganar esos tres valiosos puntos. El debate pasa por ¿Cómo ganar?
Obviamente que nadie apoya el juego brusco ni tampoco el juego violento. Hay diferentes clases de equipos a la hora de jugar. Y los podríamos clasificar por COMO juegan:
• Los que juegan bien los 90’ pero no ganan.
• Los que juegan bien los 90’ y ganan.
• Los que hacen un gol al minuto y se meten los 11 al arco.
• Los que hacen “canastas de goles” y siguen jugando lindo.
• Los que hacen “canastas de goles” y juegan de manera agresiva.
• Los que hacen “canastas de goles” y no juegan lindo.
• Los que ganan en el último minuto jugando mal contra un equipo jugando lindo.
Variantes hay muchas. Caminos hay solamente dos: jugar lindo o no jugar lindo.
Debemos hacer la referencia y borrar de la mente de muchos que el término “no jugar lindo” no siempre es sinónimo de juego violento y brusco, sino que muchas veces implica menos posición del balón.
En el fútbol nada se merece.
Los goles no se merecen. Los goles se hacen.
Los lujos no se merecen. Los lujos se hacen.
Los penales no se merecen. Los penales se cometen.
Los triunfos no se merecen como los tres puntos. Los triunfos y los tres puntos se consiguen.
Una amarilla o roja no se merece. Una amarilla o roja se sanciona.
Jugar lindo es un complemento que está a disposición de todos los equipos, lo pueden encontran en los entrenamientos, en el sentido de pertenencia que tiene cada jugador con respeto al equipo, en la ganas de jugar.
¿Para qué sirve esta estrategia de juego? Muestra otra imagen del plantel. La imagen oriunda de los potreros. La imagen nacida de las publicidades de televisión.
¿Cuál es su fin? Lucirse. Si se gana con esa estrategia mejor. No siempre se consigue.
¿A quién va dirigido? Al público. Jugar lindo es la carnada de los clubes para incentivar a la gente para que vayan a verlos. Claro está que si no ganan, la constancia de la hinchada irá disminuyendo.
También va dirigido para aquellos “empresarios del mundo futbolístico” que quieran mostrar con la técnica de ese jugador un club determinado.
Jugar lindo es un hobbie para quien lo hace.
No jugar lindo es lo que habitualmente hacen los equipos en las últimas décadas. Hago lo que me piden.
¿Cuál es su fin? Ganar. Conseguir los tres puntos como sea: al principio, a un minuto del final o gol en contra.
En el futbol no hay parámetros que deciden quien juega mejor. En las estadísticas siempre queda en la memoria los que ganaron, no los que mejor jugaron.
Todos se van a acordar de que Veléz salió campeón en el Torneo Clausura 2009, pero muy pocos se acordaran que Huracán era el que jugaba lindo al futbol.
Aunque los hinchas le reprochen los números y las estadísticas les van a ser indiferentes.
Todo sería diferentes si hubiera un Reglamento que diga: Gana el equipo que mejor juegue. O gana el equipo con mayor posesión del balón. Seguramente la mayoría de los jugadores se esforzaría por jugar mejor cada partido.
El partido dura 90’ (más los minutos que el árbitro agregue adicional). Ese es el lapso de tiempo que tiene cada equipo para convertir los goles que quiera. Nadie es mejor o peor si los convierte a los 89 minutos con 59 segundos o si es un “gol de vestuario”.
Los jugadores deben aprender esto como así también los hinchas y comentaristas. Todo equipo tiene la libertad de ejecutar el tiro y convertir su gol cuando quiera dentro de los límites de tiempos establecidos.
La frase “que gane el mejor” pasó a ser un mito. NO SIEMPRE GANA EL MEJOR. SINO QUE GANA EL QUE MÁS GOLES METE EN EL ARCO.
En el futbol no se premia el “merecer”. A excepción de los botines de oro o alguna distinción a algún jugador que se haya destacado.
Si los partidos comenzarían a merecerse habría una decadencia de goles. Cada vez los goleadores dejarían de lado a su fiel amigo: el gol o como dijo el Flaco Cesar Menotti: El gol es un pase a la red.
La solución sería combinar los dos aspectos: jugar lindo y ganar a la vez. Esa es la ecuación que necesita el futbol contemporáneo.
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